final de la liga acb cuarto partido

Un ejército menguante

desequilibrio | La llama azulgrana se apaga progresivamente en esta final con una rotación cada vez más disminuida que se antoja insuficiente para dar la réplica al campeón de europa

Oscar San Martín / Alex Larretxi - Martes, 19 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:05h

Granger, apoyado sobre el soporte estático de publicidad, no jugó ningún segundo en el segundo partido de forma misteriosa.

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Granger, apoyado sobre el soporte estático de publicidad, no jugó ningún segundo en el segundo partido de forma misteriosa.

vitoria- A medida que avanza la gran final, crece progresivamente un Real Madrid armado hasta los dientes y se va apagando la llama baskonista. Sube la cotización blanca amparado en una plantilla plagada de alternativas y, por el contrario, decrece la pujanza de un ejército vitoriano cada vez más menguante. El desequilibrio de fuerzas comienza a ser latente entre dos equipos con diferencias ostensibles en cuanto a fondo de armario. Era algo que se podía intuir, ya que nadie puede olvidar que los dos supervivientes en la pelea por el título siguen viviendo en realidades opuestas a nivel presupuestario pese a la recuperación del músculo económico por parte de la entidad del Buesa Arena.

Basta detenerse en un detalle significativo para caer en el más absoluto de los desánimos. Apreciada la identidad del duodécimo jugador de Pedro Martínez y Pablo Laso que no saltó a la pista en la tercera entrega, uno puede percatarse ya de que el cuarto entorchado liguero de la historia constituye un ejercicio de fe casi mesiánico. El preparador catalán decidió por razones obvias prescindir un día más de Rinalds Malmanis, demasiado verde para jornadas de esta envergadura. En la acera de enfrente, el vitoriano se permitió un lujo al alcance de unos pocos privilegiados. En el Buesa Arena decidió prolongar su particular castigo a Randolph, uno de los cuatros más caros y glamourosos del Viejo Continente que, contra todo pronóstico, se ha convertido en el último de la fila dentro del vigente campeón de la Euroliga. A la sombra de Thompkins y Reyes, el ex del Lokomotiv Kuban sigue desaparecido en combate.

La parálisis ofensiva vivida por el Kirolbet el domingo fue, en parte, achacable a la escasa frescura de piernas y a la falta de oxígeno en el cerebro. Con el físico al límite, llegaron las malas decisiones derivadas de la precipitación y la ansiedad. El alavés fue un equipo todo pundonor pero abandonado por el acierto y derretido por el esfuerzo que se estrelló ante los enormes tentáculos de Walter Tavares, el jugador que continúa extendiendo el terror con su dominio de la pintura.

ostracismo charrúaPedro Martínez maneja recursos más limitados que su colega en el otro banquillo y esta precariedad se ha acentuado especialmente por la reiterada falta de protagonismo de Jayson Granger, un expediente X desde hace varias semanas. El exterior uruguayo, renqueante todavía de sus problemas físicos, debía traer aire fresco en esta final debido a su versatilidad. Una especie de fichaje de última hora que diera un salto de calidad al Baskonia, pero a la hora de la verdad no ha conseguido ni dar estabilidad al timón ni brindar mordiente al puesto dedos. Nadie sabe a ciencia cierta si todavía está lesionado o simplemente es que ha perdido la confianza de Pedro Martínez por su decepcionante nivel.

La rotación azulgrana también se está viendo recortada por culpa de la escasa confianza del cuerpo técnico en Patricio Garino, un alero que rara vez suele pisar la cancha cuando el partido entra en su fase decisiva. Las limitaciones ofensivas juegan en contra del argentino, que ni siquiera se ha encaramado al primer plano pese al controvertido despliegue de Timma en varios tramos de esta temporada. A todo ello debe sumarse el maltrecho estado físico de Voigtmann tras el esguince de tobillo sufrido el pasado viernes o los recurrentes problemas de faltas de Shengelia, incapaz de controlar sus emociones.

En definitiva, una materia prima insuficiente para dar la réplica a un Real Madrid cuya profundidad de banquillo marca la diferencia. Con independencia del mal momento de Llull o los altibajos de un cansado Doncic, el conjunto blanco es capaz de sostenerse en pie gracias a una asombrosa variedad de recursos. Otra prueba de la opulencia blanca es que Causeur ni siquiera alcanzó el domingo los nueve minutos de juego y Campazzo, sancionado con una técnica en las postrimerías del segundo cuarto, ni siquiera compareció tras el intermedio, quedando el timón madridista en manos del esloveno. En cualquier caso, el Baskonia aún no ha dicho su última palabra con un gen competitivo que recuerda al de sus mejores épocas.

los desequilibrios

Dirección. El escaso protagonismo de Granger está desnivelando la balanza a favor del Real Madrid, cuya superioridad de efectivos es manifiesta cuando el polivalente Doncic ejerce la función de base. Los recursos blancos son superiores a los azulgranas. Vildoza y Huertas son los únicos que ejercen como contrapeso a Campazzo, Llull y el talentoso esloveno.

Aleros. La falta de confianza de Pedro Martínez en Garino para los momentos calientes también deja en inferioridad al Kirolbet en esta demarcación. El dúo Taylor-Rudy supera a Timma, venido a menos en los dos últimos partidos de la final

‘Cuatro’. Es el puesto crítico del Baskonia, donde Shengelia carece de un recambio natural desde la negativa de Jones a renovar. El maltrecho tobillo derecho de Voigtmann y la bisoñez de Malmanis agravaron el domingo la precariedad ante un Real Madrid que goza de tres hombres para desempeñar dicho rol. El oficio de Reyes y el gran momento de Thompkins han desplazado a Randolph.