Mesa de Redacción

Otra vez no será fácil

Por Joseba Santamaria - Miércoles, 20 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Escribí hace unos meses una de estas columnas en la que afirmé que el mundo está jodido, entonces el hilo argumental era el terrorismo yihadista y otros terrorismos económicos, étnicos o mafiosos y el largo rastro de inhumanidad que todos ellos van dejando. Veo ahora las imágenes de niños y niñas encerrados en jaulas, muchos no tienen ni un año, tras ser detenidos con sus padres y madres como inmigrantes en la frontera de EEUU. Sus familiares han sido trasladados a centros de detención a cientos y miles de kilómetros. ¿Cómo se puede adoptar una medida así, que utiliza a los menores para presionar y chantajear a sus padres? En realidad no es nuevo. En todo caso ha subido la adrenalina de la protesta por tratarse de EEUU y de Trump. Pero llevamos años viendo a los soldados israelíes agrediendo, deteniendo y matando a menores palestinos sin que ocurra nada, porque son lo que llamamos la única democracia de la zona. U organizaciones terroristas en Asia, Oriente Medio o África, yihadistas o a sueldo de las grandes multinacionales en las guerras por las materias primas, utilizando a niños y niñas como soldados o bombas humanas. Las O que trabajan con las personas refugiadas y migrantes que se hacinan en las mugas de la UE han denunciado que unos 10.000 menores han desparecido y apuntan a las mafias de explotación sexual, tráfico de personas y compra venta de órganos. Terrible. Europa no se pronuncia. El nuevo primer ministro italiano Salvini plantea elaborar un censo de personas de etnia gitana y expulsar a quienes hayan llegado de fuera. Tampoco es nuevo: la Francia de Valls, quien se arrastra ahora como telonero de Rivera mendigando propaganda, ya puso en marcha una campaña similar contra los gitanos hace cinco años y Europa miró para otro lado. Austria, Polonia, Hungría, Eslovenia defienden esas mismas posturas xenófobas, y en Alemania, Grecia y Dinamarca también ganan adeptos. El fantasma de la inhumanidad está ahí de nuevo, blanqueado aún, pero con el mismo peligro de siempre. Europa se está perdiendo camino de un proyecto democrático, social y ético fallido y si no despierta a tiempo la batalla no será fácil otra vez.

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