Cambio de rumbo

Por Julen Rekondo - Miércoles, 20 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

la Ley Foral de Residuos de Navarra y su fiscalidad ha sido aprobada por el Parlamento de Navarra y culmina así, de forma exitosa, un largo proceso que se inició con el Plan de Residuos 2017-2027, aprobado en diciembre de 2016. La nueva ley, cuyas prioridades introducidas por el cuatripartito, se basan en la preservación del medio ambiente y la salud humana, y que prima “la prevención, la reutilización y el reciclado sobre la incineración y la eliminación en vertedero”, cuenta con unas novedades importantes que suponen un auténtico cambio de rumbo en la gestión de residuos en relación con las anteriores políticas realizadas por UPN. Entre ellas, citaría el impuesto sobre la eliminación en vertedero y la incineración, que pretende fomentar la prevención, la reutilización y el reciclado, y cumplir las metas establecidas en la normativa europea, siguiendo la lógica del “quien contamina, paga”.

Otra de las novedades destacables es la importancia que se le da a la prevención, que, aunque está en primer lugar en la jerarquía de residuos de la Unión Europea hasta la fecha se le puede considerar como la hermana pobre de la política de residuos. En este sentido, cabe destacar la creación de una Oficina específica de Prevención de Residuos, que es la principal vía de actuación para avanzar hacia la minimización en la generación de residuos. Generar menos residuos implica producir menos bienes superfluos, recoger y tratar menos residuos, descontaminar menos, etc.

Algunos datos de la Comisión Europea que ilustran la importancia de la prevención y de una gestión sostenible de los recursos, se pueden sintetizar en los siguientes:

- Cada ciudadano de la UE consume hoy en día 16 toneladas de materiales al año, de las cuales seis se desechan, descargándose la mitad en vertederos.

- 89 millones de toneladas de comida en buen estado se despilfarran cada año en la Unión Europea, lo que supone una media de 179 kg por persona, es decir, medio kilo de comida diario.

- La mitad de los alimentos se convierten en residuos en la cadena alimentaria mientras que 79 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza y 16 millones reciben alimentos de organismos benéficos.

Otro aspecto interesante de la nueva ley es que se recoge el posible pago por generación mediante el cual el usuario del servicio de recogida de residuos paga la tasa de basura en función de su generación real de residuos y del servicio que obtiene para su gestión. Este sistema permite trasladar así el principio de “quien contamina paga” a la tasa de residuos y permiten premiar aquellos ciudadanos y ciudadanas y comercios que hacen un esfuerzo por reducir sus residuos y separarlos correctamente.

Uno de los mayores retos de la ley será, sin duda, conseguir ese objetivo tan ambicioso que se fija, como es pasar del 70% de vertido de los residuos urbanos en la actualidad al 30% para 2027, lo que permitirá situar a Navarra a la altura de los países más avanzados en Europa en materia de residuos.

La nueva Ley Foral tiene más aspectos positivos, pero no voy a seguir para no alargar el artículo, como también cuestiones, que por el momento han quedado apartados. En este caso, entre otros, destacaría que no se han marcado objetivos concretos para el retorno de envases ni tampoco actuaciones de impulso de la reutilización. Pero la ley es un buen punto de partida.

Sin duda, nos encontramos con una ley que es pionera a nivel del conjunto del Estado español, y que sitúa a Navarra en una situación histórica de seguir avanzando en una gestión sostenible de los residuos. Aprobar una ley de este tipo que promueva la economía circular y desincentive la eliminación, supone un cambio de paradigma y aplicar el principio de “cerrar el ciclo de vida” de los productos, servicios, los residuos, los materiales, el agua y la energía.

De esta manera, es posible pasar de la actual economía lineal de “tomar, hacer, desechar”, reflejo de una época en que los recursos y la energía se creían ilimitados y eran fáciles de obtener y no había conciencia de las graves consecuencias medioambientales, a una economía circular que pretende conseguir que los productos, componentes y recursos en general mantengan su utilidad y valor en todo momento, o lo que es lo mismo se cambie la mentalidad pensando en los residuos como recursos, aprovechándose una y otra vez en un proceso cíclico.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente