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navarra | Oscuridad y desorientación

Ciegos por una mañana

once propuso una experiencia a ciegas para mostrar las dificultades a las que se enfrentan los invidentes cada día

Un reportaje de Joana Lizarraga. Fotografía Patxi Cascante - Miércoles, 20 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Representantes de empresas y medios de comunicación se pusieron en los zapatos de las personas con discapacidad visual por una mañana.

Representantes de empresas y medios de comunicación se pusieron en los zapatos de las personas con discapacidad visual por una mañana. (Patxi Cascante)

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Representantes de empresas y medios de comunicación se pusieron en los zapatos de las personas con discapacidad visual por una mañana.Las escaleras fueron una de las mayores trabas a las que hicieron frente.

Oscuridad y desorientación. Estas fueron las impresiones que experimentaron ayer los representantes de diversas empresas y medios de comunicación de la Comunidad Foral que se prestaron voluntarios para vivir la experiencia de ser ciego por una mañana y, entre otras cosas, pasear por Pamplona con los ojos vendados de la mano de la ONCE Navarra. Gracias a un antifaz decenas de personas perdieron la visión por dos horas para comprender en primera persona cuáles son las dificultades a las que se enfrentan los discapacitados visuales en su día a día.

La propuesta tuvo como fin reivindicar la accesibilidad universal “para ayudar a crear una sociedad más inclusiva”, según remarcó el delegado territorial de la ONCE en Navarra, Jesús Buitrago. “Este no es más que un ejemplo de otras tantas discapacidades que necesitan que el mundo se adapte”, añadió.

La “pérdida de control del espacio” fue la primera sensación que sufrieron quienes se pusieron los antifaces. Esto se debe a que los videntes usan un 90% de información visual a partir de la cual establecen su posición en el espacio, como explicó María Jesús Etxeberria, técnico de rehabilitación de la ONCE Navarra, a todos los presentes.

Por parejas, los voluntarios hicieron de invidentes mientras sus compañeros los guiaron siguiendo una serie de pautas que la técnico de rehabilitación facilitó para que estos vivieran la experiencia con la mayor normalidad posible.

Los que participaron en la experiencia pasearon por las calles del Casco Viejo de Pamplona donde se toparon con su primer gran obstáculo: las escaleras.

Unos con mayor cautela y otros con mucha confianza, regresaron al Hotel Pamplona Catedral donde, a través del tacto, trataron de averiguar qué figura arquitectónica correspondía a cada una de las maquetas que tenían delante. Solo los más hábiles consiguieron distinguir la forma del Palacio Real de Olite y la Puerta de Alcalá.

almuerzo a ciegasHacia las once de la mañana, cuando el hambre empezó a apretar, los voluntarios se enfrentaron al que para muchos fue el mayor reto: el almuerzo a ciegas. Los camareros del hotel fueron los ojos de los “nuevos invidentes”: “A sus doce encontrarán un bol de macedonia, a la una un vaso de agua y a las tres una taza de café con leche”.

Iñaki Redín, director de Lacturale, se vio sobrecogido por la “inseguridad que se tiene en cada pequeño movimiento”. Con el antifaz puesto y sumergido en una sensación de estar solo consigo mismo, Iñaki disfrutó de un almuerzo “tranquilo y sin prisas”. Por el contrario, Alfredo Ondarra, coordinador de Seguridad del Gobierno de Navarra, se vio escuchando tres conversaciones a la vez: “Pierdes un sentido pero ganas agudeza en el resto”, valoró.

Alfredo no fue consciente de la necesidad de ayuda que sufren las personas discapacitadas para hacer cosas aparentemente sencillas hasta que se puso en sus zapatos. “Conozco la zona por la que hemos paseado pero se me ha hecho ajena al tener los ojos vendados. El tiempo corría más despacio y se me ha hecho más largo de lo que realmente es”.