Mar de fondo

El país suyo

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 23 de Junio de 2018 - Actualizado a las 10:46h

Como hablar dicen que es libre y un alcalde tiene boca, el de Pamplona ha declarado que no se imagina los sanfermines sin encierros, pero sí sin corridas. Y ha sugerido que habrá que crear alternativas antes de estar inmersos en una crisis más grande, léase una situación en la que el personal rechace un jolgorio que gira en torno a los cuernos. Cabe discrepar, sin duda, puesto que bocas hay millones, pero no afirmar que sus palabras carezcan de sentido. Y, dado que yo también tengo la mía, auguro que amén del impulso animalista crecerá el descrédito del bebercio, al que también se le deberá buscar sustituto. Añadiré una obviedad: ni el político ha pedido derribar la plaza ni este paisano desea prohibir el mojito. Es más: vayan preparándome el primero, por favor, y el segundo, y así hasta hamaika, que en euskara es el número generoso.

Pues bien, ya le han exigido rectificar -a él, claro, no a mí, que no soy nadie- porque al parecer su opinión constituye “todo un ataque a los sanfermines, a nuestras tradiciones y a Navarra”. Siendo verdad que el verbo atacar se usa ya de igual modo para describir un mohín en Sálvame y un motín en Faluya, resulta evidente que para estos conservadores el mero hecho de debatir es casi un delito, un pecado y, ya ebrios de palabrotas, incluso un etnicidio. En el fondo de su reprimenda late ese afán por considerar el ocio, la cultura y el territorio juguetes exclusivos de una bandería, paisaje en hectáreas y espíritu que no sólo no se toca: ni se discute. Iluso de mí, que pensaba que los sanfermines son el mejor milagro ciudadano, la calle libérrima, insumisa y soberana. Y el pueblo, aquí y en Irak, a veces va y cambia.

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