Por comentar

La Delegación del Gobierno

Por Javier Encinas - Sábado, 23 de Junio de 2018 - Actualizado a las 10:46h

La Delegación del Gobierno en Navarra ha sido durante décadas un lugar por el que solo aproximarse daba yuyu. Hasta los 80 albergaba también la Comisaría y fueron muchos los que sufrieron el paso por los calabozos que había en el sótano. Los guardias civiles que escoltaban el edificio con fusiles largos detrás de un jeep y las amenazas de ETA, que llegó a advertir a la ciudadanía de que no se acercara por allí donde hubiera uno de sus objetivos militares, hicieron de este céntrico edificio un lugar a esquivar en la medida de lo posible.

Desde ahí han ejercido de máxima autoridad policial personajes como Luis Roldán (1983-1986) y Francisco Javier Ansuátegui (1996-2000). El primero terminó enchironado por corrupción tras haber visto premiada su labor en Navarra y ser nombrado director de la Guardia Civil. El segundo, que a primeros de los 80 había ejercido aquí de gobernador, ordenó repartir leña sin escatimar empeño durante sus dos mandatos, y vio igualmente recompensada su misión en Iruña con el salto a delegado del Gobierno en Madrid. En su estreno en la capital de España también se le fue la mano y las cargas policiales en Cibeles mientras el madridismo festejaba la octava Champions ocuparon buena parte de los telediarios.

Sin ponerla ni mucho menos en el mismo plano que a estos dos, su última inquilina en esa casa deja un legado fácilmente superable. Carmen Alba, que no ha atendido ninguna de las peticiones de comparecencia del Parlamento en los seis años que ha estado en el cargo, ha sido tan diligente en la imposición de multas, como cuando tuvo que salir por patas del callejón de la Plaza de Toros la tarde del 8 de julio de 2013 en la que el burel que saltó el burladero le pilló a ella donde no debía.

Después de seis años en la Delegación, Alba se marcha sin haber buscado ninguna vía de colaboración con el Gobierno del cambio, y haber limitado su relación a lo imprescindible. Cabe esperar que su sucesor, José Luis Arasti, que habló ayer de “tender puentes con el Gobierno foral y posibilitar una comunicación fluida”, corrija esta situación y trabaje para todos los navarros y no solo para los que votan a su partido.