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Navarra: ‘zona cero’ de injusticia

Por Txus Iribarren - Sábado, 23 de Junio de 2018 - Actualizado a las 10:46h

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uno ya no sabe a qué teoría apuntarse ante el despropósito de La Manada. Un auto que llueve sobre mojado. Una de dos. O es una estrategia por la que el poder judicial y las cloacas del Estado han elegido Navarra (con una ciudadanía rebelde y un gobierno alternativo) como zona cero de la injusticia y campo de pruebas para experimentos catalanes y estatales o se trata de una simple chapuza judicial más casera. Nunca he creído en las teorías de la conspiración y está claro que este caso le ha venido grande a la judicatura navarra. Enorme. Salvando de la quema la exhaustiva instrucción, la Fiscalía y la dignidad final de presidente del tribunal, lo cierto es que el proceso ha dejado un amargo sabor en la calle. El tema era difícil, pero en cada cruce de caminos se han equivocado. El turno de oficio quedó tocado en el arranque. La ética del estamento togado, hundida en un voto particular ofensivo para la agredida. La decisión de la vista a puerta cerrada fue -con las filtraciones y el circo mediático- a la postre peor para la víctima, cuya intimidad quedó además vendida tras el agujero informático de la sentencia. Tuvieron que elegir entre “violación” o “abuso” y tiraron por el atajo... Luego el cruce marcaba “prisión provisional” o “libertad con fianza” y con argumentos surrealistas optaron por una vía “garantista” que sería menos llamativa sino fuera porque días antes, otro tribunal hacía lo contrario con los jóvenes de Altsasu. Y es que Navarra siempre pierde en esta partida a muchas bandas. Y también Iruña, que ve vapuleada la imagen sus fiestas. Y la profesionalidad de las Policías Foral y Municipal, ya que a diferencia de lo que sucede con otros cuerpos, sus informes no van a misa sino casi a la papelera judicial. Y el propio relato del caso, que sitúa a condenados como absueltos. Y las mujeres, abocadas a llenar las calles con pancartas en lugar de las comisarías con denuncias. Y sobre todo pierde la agredida, que es quien no puede salir de su casa o navegar en la red sin temor a la ciberjauría machista o a encontrarse en cualquier sitio -salvo Madrid- con sus agresores, que quisieron volver como víctimas en vez de con un cartel de “Peligro, manada suelta”. El mundo al revés. Bajad a la tierra, jueces y juezas.