Desde 2004 ha cuadruplicado sus reservas

Caja Rural tiene ya casi la mitad de su negocio fuera de Navarra y más de 1.049 millones en fondos propios

Con una cuota de crédito del 22% en Navarra, durante la última década ha crecido especialmente en Bizkaia
Desde 2004, ha cuadruplicado sus reservas y su capitalización

Juan Ángel Monreal | Itxaso Mitxitorena - Domingo, 24 de Junio de 2018 - Actualizado a las 08:27h

Edificio que alberga la sede central de Caja Rural de Navarra en Pamplona.

Edificio que alberga la sede central de Caja Rural de Navarra en Pamplona. (Patxi Cascante)

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Edificio que alberga la sede central de Caja Rural de Navarra en Pamplona.

pamplona- Armar un banco de cierta importancia lleva décadas. Hace falta una política coherente y un rumbo fijo, estable. Ganarse poco a poco la confianza de los clientes e ir dotando unas reservas que permitan capear los malos momentos. Caja Rural de Navarra podría ser un ejemplo de ello. Con una presencia casi insignificante en el sector a comienzos de los años 80, hoy es la única entidad que sobrevive y mantiene su sede en la Comunidad Foral. Sus fondos propios rozaban ya a finales del año pasado los 1.050 millones de euros.

La entidad cooperativa, que cerró 2017 con un beneficio de 86,8 millones de euros, se encuentra lejos todavía de ocupar el hueco que dejó Caja Navarra. Pero desde la desaparición de la entidad financiera de Carlos III, integrada en CaixaBank, incrementó su cuota de negocio, sobre todo entre 2012 y 2015. Hoy tiene concedidos cerca del 22% del crédito total del que han dispuesto particulares, empresas y administraciones públicas de la Comunidad Foral. Alrededor de 3448 millones de euros, con una presencia relevante no solo en el sector agrario, donde la entidad tiene su origen, sino entre las empresas (1.264 millones, de ellos 128,02 a constructoras y promotoras) y especialmente los particulares (2.166 millones de euros).

Pero en los últimos 15 años, y sobre todo durante la última década, Caja Rural ha roto con las mugas de Navarra. Y casi el 49% de su negocio crediticio se encuentra hoy en otros territorios. Es decir, mientras los competidores afrontaban años de fusiones, concentraciones y finalmente absorciones, Caja Rural ha expandido su negocio y ha reducido el riesgo que supone concentrarlo en una única comunidad. Pero lo ha hecho de forma paulatina, y sin dar un paso antes de tener bien asentado el anterior. El 14,3% del crédito se ha concedido ya en Bizkaia, que hace apenas una década apenas aportaba el 1% del negocio a Caja Rural.

Esta expansión paulatina no rompe además con lo que la entidad denomina “área natural”, que comprende a Navarra, la Comunidad Autónoma Vasca y La Rioja. Pero ha servido para reforzar los resultados una entidad, que se vio obligada a presentar pérdidas en 2012, cuando los decretos De Guindos, los mismos que terminaron por tumbar a Banca Cívica, le obligaron a provisionar 137 millones de euros. Aquel año se cerró con un resultado negativo 36,5 millones de euros que no alteraron el rumbo de la entidad, dirigida desde sus orígenes por Ignacio Arrieta. Destinando los beneficios de forma casi íntegra a las reservas y mediante una silenciosa ampliación de capital -ha colocado pequeñas participaciones entre sus clientes que se remuneran al 1%-, Caja Rural ha amasado unos fondos propios de 1.049,18 millones de euros. De ellos casi 766 son de reservas y otros 168 millones, de capital. De esta manera, el ratio de capital de nivel 1 es del 15,90% y el de capital total alcanza el 16,55%. Esto supone un superávit de capital principal de 558,5 millones de euros respecto a los requerimientos del Banco de España.

No es flor de un único día. Desde 2004, Caja Rural prácticamente ha cuadruplicado sus fondos propios, aprovechando tanto los factores ordinarios como los extraordinarios, con la venta en 2005 de una participación eólica relevante. Pero, al margen de ello, el negocio de la entidad ha funcionado de manera muy sólida, apoyado en un ratio de eficiencia (gastos generales respecto al margen ordinario) que en 2017 se situó en el 50,6%, pero que llegó a situarse durante muchos años por debajo del 40%.

Este indicador, mejor cuando más bajo, se ha resentido en los últimos ejercicios como consecuencia de la contracción de los márgenes. Los tipos de interés a cero se han dejado sentir en la estructura de negocio de Caja Rural, que contaba además con un buen número de hipotecas con cláusula suelo, por las que ha sido condenada, que ha debido renegociar y cuyo desenlace final se encuentra todavía sujeto a reclamaciones judiciales en algún caso.

De forma paralela a la disminución de los márgenes, la entidad ha reforzado su presencia en productos de mayor valor añadido, con los que ha logrado incrementar sus ingresos por comisiones hasta los 17,18 millones de euros en 2017 (13,6 en 2016). Se trata de los fondos de inversión y de pensiones que aportan 2.207 millones de euros en recursos fuera de balance. Hacia ellos, como han hecho todas las entidades de crédito, se ha ido redirigiendo el ahorro de los particulares, que no ofrece rendimiento alguno ni en las cuentas corrientes ni en los depósitos a plazo.