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Con acento europeo

Merkel, la soledad de una europeísta de fondo

Por Jesús González Mateos - Domingo, 24 de Junio de 2018 - Actualizado a las 08:27h

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La canciller alemana, Angela Merkel, vive sus horas políticas más difíciles. Sus socios de coalición bávaros de la CSU le han dado un ultimátum de dos semanas para corregir lo que en su opinión es una equivocada política de refugiados e inmigración. Una crisis que puede afectar al gobierno que costó más de cinco meses formarse y que podría derivar en nuevas elecciones en Alemania de incierto resultado. La decana de los líderes europeos, nacida en el Este germano en la época de la dominación soviética, hija política de Helmut Kohl y heredera de su europeísmo convencido, sabe bien lo que la unificación alemana debe al conjunto de los europeos. Pero la memoria de los pueblos y sus gentes es tan débil, como egoísta es la condición humana cuando se trata de demostrar al extranjero pobre su solidaridad. La mujer que ha resistido los embates de todas las crisis que han afectado a la Unión Europea en la última década, se ve ahora una vez más obligada a hacer frente a la ola de xenofobia que recorre Europa en su suelo patrio. Luchó por la supervivencia del euro, errada o no, con sus políticas de equilibrio presupuestario y fue la primera en ver la necesidad de acoger a los millones de seres humanos que huían del drama de la guerra en Siria.

El miedo a AfDEl desgaste de Merkel tiene esta vez causas electorales. En octubre se celebran elecciones en la länder bávaro y a la CSU le tiemblan las piernas ante el discurso ultra de Alternativa por Alemania (AfD) que le pisa los talones en intención de voto. El discurso xenófobo campa a sus anchas en esas latitudes de Centroeuropa bajo el liderazgo conceptual del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que ha visto refrendadas sus políticas de rechazo a los inmigrantes en las últimas elecciones generales. Baviera es un territorio suficientemente poderoso por PIB, historia y marcado perfil diferenciado dentro de la República Federal de Alemania, como para que todas las luces de alarma hayan saltado en el seno de las instituciones europeas ante el ultimátum lanzado a la canciller germana. Cierto es, además, que Merkel ha sido la responsable de que su país sea el Estado miembro de la UE que ha recibido más refugiados, ante la negativa de la mayoría de su vecinos del Sur de dar cobijo a la marea humana procedente del conflicto en el norte de África. Ha sido, en definitiva, la única que ha entendido que Europa no puede convertirse en un búnker de viejos señores privilegiados del mundo, ciegos a cualquier desastre que les rodea.

El eje franco-alemán claveA la vez que debe hacer frente a la crisis interna política de su gobierno, Merkel debe avanzar en las reformas que la UE necesita para seguir sobreviviendo. Un presupuesto para la Eurozona, la emisión de eurobonos o la creación efectiva de una Reserva de Tesoro europea, son pasos imprescindibles para consolidar la moneda europea y, con ello, la política económica común capaz de salir a flote en los sucesivos vaivenes que las crisis nos deparen. Para ello, nada es posible sin la coordinación férrea de las decisiones entre Berlín y París. Su entendimiento con el presidente Macron es más necesario que nunca. El líder galo, inmerso también en mil batallas interiores de cambios profundos estructurales en la realidad socioeconómica de Francia, debe abandonar los discursos meramente formalistas y las apuestas de máximos en su fe europeísta. Los dos están obligados a acompasar los ritmos de lo posible, porque de otra manera nos abocarán a que la nave europea encalle.

El Consejo de verano como prueba de fuegoAsí las cosas, la próxima semana los jefes de gobierno de la UE se volverán a ver las caras en Bruselas en el Consejo Europeo que cierra la Presidencia búlgara y recibe las intenciones de la austriaca. La cita tiene una agenda para no dormir: la crisis humanitaria provocada por los refugiados e inmigrantes del buque Aquarius;las medidas tendentes a la conclusión de la Unión Bancaria y de política económica común;el primer embate negociador de los presupuestos del UE para el período 2021-2027 con la obligación de hacer más con menos dinero y, como telón de fondo, el Brexit con su irresoluble problema de la frontera de Irlanda del Norte. Una cumbre en la que, de nuevo, Merkel acudirá cargada de europeísmo posibilista, pero esta vez con el peso a cuestas de la incomprensión política de los suyos. A la soledad del liderazgo continuado de la Unión añade ahora la más dura de las batallas políticas, la del abandono de muchos de sus conciudadanos. Confiemos en su capacidad de aguante tanto como en sus convicciones de defensa de los derechos y libertades que dan sentido a Europa.