¿Comentaristas o agitadores?

Javier Orcajada del Castillo - Martes, 26 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Los locutores españoles que televisan los partidos del Mundial están descontrolados a cuenta del patriotismo. Produce vergüenza ajena su nivel de fanatismo, como si existieran instrucciones de los políticos para que se dé un baño de celtiverismo para olvidar los duelos reales que nos asfixian. Dan lecciones de semántica en sus expresiones filosóficas al describir un lance cualquiera: con una terminología próxima a la metafísica para describir estados de ánimo o la teología para impetrar de los dioses el triunfo de nuestra selección que nos representa y que está en estos momentos en los pies de estos superhombres que tienen todos los méritos para ser declarados santos, defensores de la hispanidad o filósofos a la hora de expresar sus convicciones patrióticas como ciudadanos ejemplares para nuestra ciudadanía. Los comentaristas tienen el mérito de dinamizar la sociedad al dar impresión de que en Rusia volvemos a jugarnos las esencias patrias como españoles, como cuando el comunismo quiso invadirnos para convertirnos en satélites de la URSS. Tal como explicaban los locutores expertos en un lenguaje científico sólo comprensible para iniciados, La Roja ganaría, daría una paliza a Portugal. Afirmaban que sería “un paseo”. Lopetegui pasaba de superhombre a general traidor que abandona sus soldados. Argumentaban que Hierro era superior al “vendido al Madrid” y que arrollaríamos a Portugal. Con el 3-2, ya finalizando el partido, las expresiones eran más que de euforia, ofensivas para Portugal, especialmente para Ronaldo, al que se le acusó de las peores intenciones contra nuestra selección. Pero el drama estaba aún por llegar, pues en el último minuto se pitó una falta contra España, lógicamente injusta, pues, a juicio de los desapasionados comentaristas el árbitro favorecía sistemáticamente a Portugal. Ronaldo actuó de mala fe, pues lanzó el balón precisamente por donde De Gea no esperaba. Y, claro, fue gol. El empate se consumó. Fueron instantes dramáticos: se produjo un silencio sepulcral que rompieron los locutores- agitadores describiendo argumentos, excusas y despreciando a Ronaldo, pues se trataba del jugador mimado del Real Madrid. Gracias a su dialéctica, profesionalidad y patriotismo los comentaristas recuperaron la tranquilidad de los televidentes y transformaron un humillante empate en triunfo sobre los portugueses. Porque desde siempre han temido ser invadidos por sus vecinos españoles.