Editorial

Inmigración, un reto pendiente de la UE

La situación originada con el buque de rescate ‘Aquarius’ tras el cierre de Italia de sus puertos es otra crisis humanitaria que ha puesto en evidencia la dificultad de Europa para coordinar sus políticas de inmigración

Martes, 26 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

con independencia del rescate final de las más de 600 personas que se hacinaban en el buque Aquarius, el caso ha vuelto a poner en evidencia un grave reto que acomete a Europa y para el que sigue sin haber una respuesta coordinada. De hecho, desde hace dos días otras 300 personas navegan abandonadas en el Mediterráneo sin un puerto al que acudir en un barco de la ONG Lifeline y en un mercante. La llegada de los refugiados del Aquarius a Valencia hace una semana reivindicó la faceta más humanitaria de la política, en la que se retrataron una vez más los gobiernos de Navarra y la CAV al encabezar los ofrecimientos de acogida. Sin embargo, todo ello no pasará de ser una gota en un océano en la medida en que no se encare con decisión una estrategia compartida y exigente en el seno de la Unión Europea. Y las evidentes escenas de división y discursos contradictorios son una muestra más de que esta crisis de refugiados es la enésima en las últimas décadas. La de las pateras parece olvidada aunque tienen conciencia de ella quienes la viven aún hoy en primera persona desde Canarias y Andalucía. La del corredor griego se taponó a base de cerrar las puertas por la frontera turca y ahora llama la atención la del Mediterráneo central por la actitud del nuevo Gobierno italiano y la deriva de Libia a un estado fallido. Europa precisa poner orden en su propia estructura porque no hacerlo va a hacer medrar los discursos de personajes como los mandatarios de Hungría o Polonia, cuyo discurso que raya, cuando no bebe directamente de la xenofobia, se reconoce en el nuevo ministro de Interior italiano. El de la inmigración desesperada por razón política o económica no es un problema de Italia, de Grecia, de Hungría o de España. Es un problema asociado directamente a las situaciones que provocan la huida de millones de personas de Asia y África. La debilidad europea en estas regiones ha dejado su capacidad diplomática reducida a la inmovilidad y el abandono de una política orientada al desarrollo por los propios problemas internos de las economías europeas en la última década lleva camino de pasar factura en el futuro inmediato. El flujo de inmigrantes no va a parar mientras la expectativa de morir en el viaje no sea peor que la de vivir en sus lugares de origen. La UE debe ser firme en los compromisos de cooperación intra y extracomunitaria de sus socios para frenar el crecimiento ultraderechista que alimenta el viejo discurso de la xenofobia para justificar la falta de soluciones a problemas internos.

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