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Podemos apura los plazos para tratar de resolver su crisis parlamentaria

Aunque Couso asegura que la solución a la crisis está “muy cerca”, los oficialistas ven algunas exigencias como “inasumibles”
Les separa el ‘pacto de silencio’ y la partición del grupo en dos agrupaciones

Andoni Irisarri / Oskar Montero - Martes, 26 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El portavoz del grupo de Podemos, Carlos Couso, ayer en el Parlamento junto con Ainhoa Aznárez (Podemos), presidenta de la Cámara foral.

El portavoz del grupo de Podemos, Carlos Couso, ayer en el Parlamento junto con Ainhoa Aznárez (Podemos), presidenta de la Cámara foral. (Oskar Montero)

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El portavoz del grupo de Podemos, Carlos Couso, ayer en el Parlamento junto con Ainhoa Aznárez (Podemos), presidenta de la Cámara foral.

pamplona- Tras meses de reproches y acusaciones entre críticos y oficialistas, parece que la crisis interna que vive Podemos está hoy más cerca de cerrarse que la semana pasada. Pero no será ni mucho menos sencillo, y mucho tendrán que cambiar algunas cosas estos días para que, como ayer confió Carlos Couso, portavoz de los críticos, el jueves pueda darse por zanjada la sangría de la formación morada en Navarra. Estaba previsto que ayer mismo la Mesa tomase una decisión sobre el cambio de nombre de la bancada. Pero unos flecos de última hora obligaron a posponer la decisión hasta el jueves de esta semana, cuando parece que tendrá lugar una Mesa y Junta extraordinaria para oficializar lo que ayer Couso vendió como un acuerdo “muy cerca” de cerrarse.

Sin embargo, los oficialistas quieren dejar claras una serie de peticiones que ayer mismo a primera hora les habrían trasladado los críticos, y que los oficialistas consideran que tienen que volver a ser reevaluadas. Sobre todo, las cuestiones que han motivado a ambas facciones a darse una prórroga extra tienen que ver con un pacto de silencio (para evitar “violencia verbal” a través de medios de comunicación) y con la fiscalización de los recursos públicos que recibe el grupo parlamentario, compuesto por siete miembros.

El debate principal, que es el del cambio de nombre, parece que está zanjado. Los oficialistas (Tere Sáez, Mikel Buil y Ainhoa Aznárez) han aceptado con sus bases incluir en el nombre del grupo la coletilla Orain Bai, de tal manera que ahora el grupo pasará a denominarse Podemos Ahal Dugu - Orain Bai, dando visibilidad a la corriente crítica (Carlos Couso, Laura Pérez, Fanny Carrillo y Rubén Velasco). Pero además del cambio de nombre, hay otros muchos temas que hay que cerrar. Ambas facciones los ven de manera diferente.

visiones diferentesEl ejemplo está en la Mesa y Junta de ayer. Carlos Couso, portavoz del grupo parlamentario y miembro de los críticos, decía que el pacto estaba “muy cerca” de cerrarse. El grupo de Podemos Ahal Dugu pasaría a denominarse Podemos Ahal Dugu - Orain Bai, y en la práctica (nunca sobre el papel, ya que es algo que no permitiría el reglamento de la Cámara) funcionaría como dos agrupaciones de parlamentarios diferentes. Se habría alcanzado, también, un acuerdo por el que el reparto de portavocías y de recursos económicos sería proporcional. Es decir, atendiendo a que los críticos son mayoría sobre los oficialistas. Pero esa es la versión que ayer dieron los críticos en el Parlamento y que obtuvo respuesta por parte del sector oficialista a última hora de la tarde a través de un comunicado.

En una breve nota, los oficialistas tildaban algunos de los cambios de última hora como “exigencias inasumibles de dudosa legalidad”. Entre ellas, la de funcionar como dos agrupaciones parlamentarias diferentes, algo que no está contemplado en el reglamento de la Cámara, donde se explicita que, una vez compuestos los grupos parlamentarios que emanan de los comicios, no se pueden crear nuevas marcas con capacidad de funcionamiento orgánico.

Las dos cuestiones restantes que los oficialistas ponen en duda son el pacto de silencio y la fiscalización de los recursos. Tal y como reflejaron en el comunicado, “cesar la violencia verbal y los ataques públicos” es una “línea roja infranqueable”. Una exigencia curiosa, ya que el intercambio de acusaciones a través de los medios ha sido mutuo. Pero que además los críticos no quieren aceptar porque creen que es un límite a la libre expresión de la disidencia. El segundo punto de fricción tiene que ver con el control de los recursos económicos. Al final, el grupo parlamentario tiene que dar explicaciones al Tribunal de Cuentas de forma conjunta, no como dos agrupaciones. Por todo, los oficialistas creen que “pese a lo que puedan declarar los críticos”, existe nula voluntad de llegar a un acuerdo “en un grupo de personas “absolutamente irresponsables” y que “están poniendo en peligro la estabilidad institucional”.

Desde luego, que no hay intención de lograr un acuerdo definitivo no se puede deducir de las palabras de Carlos Couso. Visiblemente preocupado por la situación, el portavoz de los críticos deseó ayer “no tener problemas para poder presentar un acuerdo esta misma semana, en breve, y así que el jueves este tema se dé por finalizado”. Pero parece que mucho habrá que negociar todavía hasta entonces.