Un canto a la vida

La compañía catalana La Cubana regresa desde hoy al Teatro Gayarre, donde ofrecerá un total de 17 funciones de ‘Adiós Arturo’ hasta el 14 de julio.

Un reportaje de Ana Oliveira Lizarribar. Fotografía Unai Beroiz - Jueves, 28 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

teatro, música y humor, mucho humor. Son los ingredientes básicos de todos los espectáculos de La Cubana, que desde hoy y hasta el 14 de julio ofrecerá en el Teatro Gayarre nada menos que 17 funciones de su última propuesta, Adiós Arturo, un “canto a la vida” precisamente cuando esta se acaba.

La compañía catalana abre, de este modo, un nuevo episodio en su idilio con Pamplona, ciudad con la que siente “una conexión especial” y en la que ha mostrado todos sus espectáculos desde 1984, destacando su presencia en los Sanfermines de 2013 con Campanadas de boda. “Aquí estamos como en casa”, explicó ayer el director, Jordi Milán, durante la vistosa presentación de la nueva comedia que el elenco regaló en el exterior del Gayarre ante la sorpresa de numerosos viandantes, que se detuvieron para disfrutar del momento y tomar imágenes. “A Pamplona hemos venido con nuestros espectáculos, pero también hemos realizado pregones, eventos... No sé qué tiene esta ciudad, pero nos gusta estar aquí”, agregó el director de escena y fundador de La Cubana, que indicó, asimismo, lo interesante y “divertido” que es actuar justo antes y durante San Fermín porque se aprecia la transformación de la ciudad y del público.

Sin duda, el humor de esta compañía y la energía de la capital navarra ya en estas fechas es un cóctel mezclado para disfrutar. Y más si, como en este caso, se trata de rendir homenaje a un pamplonés ilustre, Arturo Cirera Mompou, creador polifacético nacido en la ciudad en 1917 y fallecido a los 101 años después de una intensa vida llena de experiencias. Resulta muy curioso leer la biografía del personaje que La Cubana se ha inventado para la ocasión, donde se indica que en 1930 a la familia Cirera Monpou le tocó el gordo de Navidad, por lo que todos sus miembros se trasladaron a vivir a París, donde Arturo desarrolló su enorme talento para todas las artes. Sin embargo, después de viajar por todo el mundo y de una existencia más que plena, el artista decidió que su despedida debía tener lugar en su cuna, en Pamplona. Eso sí, “no era amigo de lo funerales y actos solemnes y serios” y “quienes llevan sus asuntos después de su muerte, cumplieron su voluntad contratando a La Cubana, lo cual nos vino muy bien porque estábamos en paro desde que finalizaron las funciones de nuestro último espectáculo, Gente bien, que solo se vio en Barcelona”, indicó Milán, totalmente metido en el papel de una compañía acostumbrada a colarse en la realidad para demostrar que “todo es teatro”.

ceremonias“Hablamos de lo mismo de siempre, de lo único que sabemos hacer y hemos abordado en nuestros anteriores trabajos, de teatro. La verdad es que nos repetimos como si fuéramos loros”, agregó el director. Precisamente, un loro, Ernesto, es el “auténtico protagonista” de la obra. Un loro de verdad que permanecerá en el escenario durante la hora y cincuenta minutos que dura y que era el compañero de vida de Arturo. No en vano llevaban 40 años juntos. Humor, música, toques surrealistas, participación, juego y color son los elementos principales de esta propuesta que, aunque se acerca a un tema triste, lo trata de un modo que alejará de la mente del público los malos recuerdos. “Contamos de una manera loca y divertida la parafernalia que se crea a partir de la defunción de un personaje público muy conocido y la preparación de su funeral, donde, a través de su familia y amigos, los espectadores conocerán los distintos roles que encarnaba en cada una de sus facetas”. Y es que, en La Cubana “siempre nos ha atraído el doble guión que todos utilizamos en nuestra vida: el que queremos que se conozca y el que guardamos para nuestra más estricta intimidad”.