En los entornos rurales también hay diversidad

Orgullo LGTBI, también en los pueblos

En Lekunberri han organizado una concentración para visibilizar esta realidad

Nerea Mazkiaran - Jueves, 28 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Paula Etxarri y Aner Ansorena muestran en su pueblo, Lekunberri, la bandera arcoíris con la que se identifica el movimiento LGTBI.

Paula Etxarri y Aner Ansorena muestran en su pueblo, Lekunberri, la bandera arcoíris con la que se identifica el movimiento LGTBI. (NEREA MAZKIARAN)

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Paula Etxarri y Aner Ansorena muestran en su pueblo, Lekunberri, la bandera arcoíris con la que se identifica el movimiento LGTBI.

“Tengo claro que quiero hacer mi vida en Lekunberri siendo yo mismo ”

lekunberri- En el balcón del Ayuntamiento de Lekunberri ondea esta semana la bandera arco iris con la que se identifica al movimiento LGTBI, una petición avalada por 60 jóvenes de entre 16 y 25 años de Larraun Ibarreko Gazteak y Larraun Berdintasunean. El grupo se activó después de una charla que ofreció en marzo Kattalingune, servicio público que trabaja para informar, asesorar y acompañar a personas LGTBI y personas allegadas de Navarra, al tiempo que lucha contra toda discriminación por motivos de orientación e identidad sexual.

“El objetivo es crear un espacio crítico en el mundo rural y abrir el movimiento y que se tenga en cuenta a la hora de organizar actividades en la zona”, apuntan Paula Etxarri y Aner Ansorena, dos de los jóvenes de este grupo que se presenta en sociedad hoy, día del orgullo LGTBI, con una concentración a las 19.00 horas frente el Ayuntamiento de Lekunberri bajo el lema Aniztasunak aberasten gaitu (La diversidad nos enriquece). Una hora más tarde se proyectará la película Prideen el hostal de Alli.

Salir del armario no es fácil y más en un pueblo. Por ello, el denominado sexilio, la huida a las ciudades en busca del anonimato y mayor libertad ha sido el camino elegido por muchas personas LGTBI, es decir, lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales. “Yo tengo claro que Lekunberri es mi pueblo y quiero hacer mi vida aquí siendo yo mismo”, destaca Aner Ansorena. “Desde pequeño he pensado que era diferente, raro entre comillas. Y lo diferente no era positivo. Lo pasé muy mal”, recuerda. “El centro escolar no estuvo a la altura. Aunque es triste decirlo, creo que ha sido positivo haberlo pasado mal. Me ha hecho madurar antes”, lamenta este joven de 23 años.

“Para evitar golpes te pones tantas capas que luego hay que ir sacando cosas de la mochila. Ahora es cuando más libre me siento”. Y es que lleva toda una vida, cada vez menos, oyendo como le llaman maricón, una palabra con la que pretendían hacer daño y que sigue doliendo de otra manera, sobre todo por el odio o ignorancia que conlleva. No obstante, destaca que “no he vivido atormentado. He sido feliz y he tenido mucho apoyo en mi familia siempre”.


DIVERSIDAD SEXUALAner Ansorena fue consciente de que era gay en la adolescencia. “No fue algo de repente. Yo al principio dije que era bisexual porque me parecía menos malo. Pero me duró dos semanas”, bromea Aner Ansorena, experto en redes sociales y comunicación digital. “Aunque en los pueblos puede ser más difícil salir del anonimato, al mismo tiempo el entorno rural te protege porque hay más relación entre la comunidad” apunta. “Nunca he tenido problemas en Lekunberri por mi orientación sexual. Es más, cada vez hay más personas, en las ciudades y en los pueblos, que piensa que la diversidad nos enriquece”.

Este joven ha sido un referente para Paula Etxarri, que el pasado año dio el paso y confesó a sus allegados que era lesbiana, un año después de ser consciente de su orientación sexual. “Al principio pensaba que era malo y tenía miedo a que la gente del pueblo me mirara con mala cara. Pero comencé a buscar en internet, en Youtube, Instagramy pensé que no era tan malo”, apunta esta joven de Lekunberri de 17 años. “Yo tenía miedo sobre todo de como se lo iba a tomar mi familia. Lo he contado como algo muy normal y se lo han tomado muy bien”.

El proceso interno de Paula a la hora de dejar atrás sus miedos y aceptar su orientación sexual tampoco fue fácil. “Era una persona que no seguía a las demás. Andaba a mi aire y me sentía rara, lo que me hizo abrir mi mente. También me han ayudado mucho mis amigas de la cuadrilla y compañeras del equipo de fútbol”, observa.

EDUCACIÓNPaula Etxarri y Aner Ansorena destacan la importancia de educaren valores de respeto a la diversidad. Aunque no les gustan las etiquetas, creen necesario poner nombre a realidades que a veces se lleven en secreto, una coraza de la que a menudo cuesta salir. Y es que sigue habiendo un estigma social que las personas LGTBI lo interiorizan de diferente manera, a menudo como rechazo. Por ello, a veces es necesaria ayuda para salir de un laberinto de emociones y barreras.

Al respecto, señalan que los profesionales de la educación juegan un papel destacado en la normalización de la diversidad sexual. “En segundo de Primaria, cuando tenía siete años, una profesora dijo que los chicos con los chicos y las chicas con las chicas. A mí no me gustaba el fútbol ni la pelota y me llevaba mejor con las chicas”, recuerda. “Aquella frase caló tan hondo que estuve durante tres años solo en el patio. Y el resto del profesorado no hizo nada. Me duele mucho cuando me cuentan que todavía suceden cosas parecidas”.

Si bien reconocen que se han dado pasos, asegura que todavía quedan muchos por dar. “Cuando viene la sexóloga a clase solo se habla de relaciones heterosexuales. Hay más cosas y hay que saber que existen”, apunta Paula Etxarri.

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