Corridas sí, pero incruentas

José Martín Alustiza Madinabeitia - Sábado, 30 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Ante la polémica suscitada en los ambientes taurinos por las declaraciones del señor alcalde, Joseba Asiron, sigo insistiendo en la idea que ya manifesté hace 8 años, y que se publicó en DIARIO DE NOTICIAS el 9 de agosto de 2010 en el artículo titulado La fiesta nacional, y que volví a recordar en las mismas páginas el 20 de agosto de 2015, y que no es otra que a los espectáculos taurinos hay que hacerlos incruentos, quitarles sangre y con ello evitar el sufrimiento del toro. Hay que acabar con el maltrato a los animales.

Es hora de actualizar las corridas, de hacerlas mas civilizadas, más acordes con los tiempos en que vivimos y, en definitiva, hacerlas homologables a la sensibilidad de las nuevas generaciones y de los turistas que nos visitan. En resumen, para que sea aceptada mayoritariamente por la sociedad en general. Resumiendo mis escritos anteriores, venía a decir que en las corridas de toros, tal y como discurren hasta la fecha, hay que eliminar los puntos negros que se cuestionan actualmente por su crueldad. Hay que cambiar del primer tercio la suerte de varas, sustituyendo la puya de acero que remata la vara por una horquilla almohadillada que se adapte al morrillo del animal, del segundo a las banderillas hay que sustituir los arpones por bolas de velcro que se adhieran a la piel y del tercero desaparece la estocada de muerte. Recordaba que en Portugal no se mata al toro y sigue habiendo corridas. Como apuntaba entonces, para cansar al toro y que esté apto para la faena de muleta, se pueden alargar los lances de capa que son vistosos y bien recibidos por el respetable. Además, se podrían introducir grupos que hicieran actuaciones como los de las corridas vasco-landesas, los forçaos portugueses o de recortadores. Posteriormente, y ya con el animal “amoldado”, proceder a torearlo con la muleta, para terminar con un simulacro de entrar a matar, pero sin estoque de acero. Si estas actuaciones alargasen el tiempo de cada faena, ir pensando en corridas con cuatro toros y, consecuentemente, en los encierros correrían cuatro morlacos en lugar de seis. No voy a cansar más al lector repitiendo argumentos que están ahí, en la hemeroteca, para quien los quiera recordar. Hubo a quien estas modificaciones que propongo le parecieron ridículas, pero qué se va a hacer, como dijo el torero Rafael El Gallo:“Hay gente pa tó”.

Lo que es seguro es que, o reformamos la llamada “fiesta nacional” (no olvidemos que el toreo a pie tuvo su origen en Navarra), o nos pasará aquello de que “entre todos la tuvieron y ella sola se murió”.