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Republicanismo

El daño colateral

Por Santiago Cervera - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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La estrepitosa caída del PP -su atropellada salida del Gobierno y la constatación de que apenas es la raspa del partido que dijo ser- tiene en Navarra una consecuencia deletérea también para UPN. Esparza deambula al frente de los suyos sin mostrar otra capacidad que la de leer el guión de toda la vida, en eso se le notan sus orígenes como maestro de colegio. Suelta lo de casi siempre, sin iniciativa innovadora ni actitud que sugiera la reconversión política que el cambio de ciclo electoral ha impuesto. Como también es tradicional, en su prontuario figura un apartado correspondiente a las relaciones con el PP, que no parece ser otra cosa que la prolongación de un diseño oportunista esbozado años atrás por Barcina. Sabido es que ella se presentaba en Madrid como la más aguerrida pepera, mientras en Pamplona gallardeaba con altivez a la delegación local de Génova. Aquellas épocas quedaron bien resumidas en la frase del viñetista “Barcina y Cospedal se llevan fenomenal”, contrapunto a una realidad menos empática pero mucho más prosaica mugas adentro, la del intento de perpetuación del régimen socioregionalista en sus vertientes política, económica y mediática.

Aquel modelo, hipócrita de por sí, que Barcina utilizó para cuidar su imagen ante pedrojotas y bieitos es también el que Esparza ha querido mantener incluso en la circunstancia de haber perdido su partido el mando en Navarra. El acuerdo electoral que suscribió con el PP le permitía decir aquí que ellos actuaban por cuenta propia en Madrid, desde el Grupo Mixto, mientras se cobijaban coyunturalmente en una sigla nacional ante la incertidumbre de tener que acudir a unas generales sólo con su desgastada marca. El cinismo de Rajoy fue el que avaló un infame pacto electoral por el que su partido renunciaba a tener diputados navarros en el grupo parlamentario, cuando esa y no otra había sido la causa de la ruptura con UPN años atrás. El siguiente paso fue dejar que Esparza exhibiera capacidad de negociación presupuestaria a cambio de sus dos votos. Y así, el de Aoiz pensó que con un monedero en el bolsillo podría, al mismo tiempo, alardear de sagacidad ante su parroquia y poner en aprietos al gobierno de Barkos. En el advenimiento de tanta genialidad llegó el acuerdo de hace apenas dos meses: un supuesto papelito en el que Rajoy se comprometía a no cambiar la política penitenciaria (por cierto, ¿se ha mostrado el folio?), una partida para el TAV y un dinero para unas prejubilaciones en Volkswagen. Lo primero era un intento de cauterizar la indudable influencia del PNV, empeño vano una vez constatada la capacidad de los jetzales incluso para tumbar un gobierno. Lo segundo, el TAV, apenas ha sido un nuevo episodio de una tediosa serie que tuvo sus primeros capítulos en la época de Pepiño, el engaño de hacernos creer que una partida presupuestaria hace una vía de tren. El reciente informe del tribunal de cuentas europeo, demoledor por obvio, va a suponer un profundo replanteamiento de tanto afán ferroviario, como se ha visto este mismo viernes con el gobierno de Sánchez rescindiendo varios contratos de obra en Asturias. Lo de las prejubilaciones de VW, por último, es algo esencialmente arribista y enormemente escandaloso. Se pide que el contribuyente pague los costes de la conveniencia laboral de una empresa privada, y que se haga a través de un mecanismo directo, a medida, sin atención a norma general alguna y sin otro criterio de pertinencia que el sempiterno clientelismo paleto. Por cierto, así es como se puso la semilla de la corrupción andaluza de los ERE, con esa manía de trasladar al presupuesto público lo que surge de la promiscuidad entre mediocres políticos locales y poderes económicos asentados.

Hasta aquí la descripción del trampantojo. Todo se le ha ido al traste a Esparza tras la huida de Rajoy, y lo que queda es nada. UPN diseñó una posición listilla en Madrid -mis respetos personales a sus representantes- y han acabado no tanto en la irrelevancia como en el arrinconamiento que viven los que han querido acampar en tierra de nadie. El de la cuenca que apareció por Pamplona a vender la vaca y tuvo que volver con ella del ronzal y si leche en las ubres. Veremos si Sánchez consolida una mejor posición política para los suyos y si el PP supera su marasmo. Lo que no creo que veamos es a Esparza recuperándose del fiasco.