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Con acento europeo

Macron pone en marcha su Europa a varias velocidades

Por Jesús González Mateos - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Lleva el presidente francés, Emmanuel Macron, semanas de divergencia con la política de consenso de los 27. Pareciera que el líder galo hubiera tomado su propio camino de la construcción europea. De hecho, no ha dudado en realizar propuestas de enorme ambición tirando del carro europeísta y dejando claro que el que vaya detrás que arree. Plantear un pilar de defensa para socios europeos sin contar con la UE;avalar los campos de refugiados e inmigrantes en el Norte de África para los Estados miembros que quieran o hablar sin ambages del presupuesto de la eurozona para quienes se apunten a él, son claros ejemplos de la intención francesa de la puesta en marcha de la primera velocidad de la Unión.

la atenta mirada de merkelPor su parte, la canciller alemana, más partidaria del paso lento pero firme de la UE, ha seguido atenta de reojo los movimientos de su colega francés. En unos casos, se ha puesto de su lado, en otros ha echado el freno de mano y, en general, ha dejado claro que sigue siendo partidaria de buscar el máximo consenso entre los miembros, antes que apostar por descuelgues de una parte de ellos. En el fondo, está en juego la vieja discusión de las velocidades en la toma de decisiones en el Consejo Europeo. Algo que el Tratado de Lisboa suavizó al reducir sustancialmente el derecho de veto e imponer la regla de las mayorías ponderadas en las votaciones de las reuniones de ministros y jefes de Gobierno. Pero Macron propone algo que sin ser radicalmente nuevo, podría suponer una enorme complejidad de funcionamiento. Se trata de la asociación multilateral, es decir, una especie de pertenencia de la carta en la Unión Europea.

el precedente de la zona euroNo le faltan precedentes al presidente galo para argumentar su nueva vía. El más evidente lo constituye la propia moneda única, el euro, que funciona en 19 de los 28 Estados miembros. Algunos no la emplean por decisión propia y otros por no cumplir los criterios de convergencia económica que dan sentido de estabilidad al euro en los mercados. Pero sea como fuere, se trata de una asociación de Estados que en nada impide el funcionamiento de las instituciones comunes de la UE. De la misma forma, Francia siempre ha sido partidaria de tener un alto grado de autonomía en sus decisiones sobre política de seguridad y defensa. Baste recordar su posición tradicional de no pertenencia a la estructura militar de la OTAN. De ahí que no sorprenda su propuesta de avanzar en una asociación defensiva europea que no tiene porqué pertenecer a la toma de decisiones de la UE. En el fondo, es la vuelta a los viejos planteamientos gaullistas que creíamos muertos hace años.

Los riesgos del disensoSin embargo, es evidente que si dentro de la Unión cada cual empieza a organizarse en pequeños clubes de intereses en función de los distintos temas que se aborden, la idea de una Europa unida se resquebraja. El sentido de identidad común y de entender que los problemas son de todos y las soluciones se deben articular desde la pluralidad como si fuésemos uno, está en el adn que inspiró a los padres fundadores en 1957. Podemos funcionar a distintas velocidades y probablemente es una vía eficiente y pragmática, pero va a resultar clave la coordinación de las esferas que se mueven a distinto ritmo y, lo que es más importante, sobre qué materias permitimos asociaciones selectas. En libertades, derechos e igualdad no caben atajos, ni miembros de primera y de segunda. De otra forma, el riesgo del disenso y de dejar al margen la sensibilidad de las minorías puede acabar definitivamente con el sueño europeísta.

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