El rincón del paseante

De procesiones, jotas y gigantes

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Hola personas, ¿cómo se prepara el asuntito? Yo hoy me he dado un paseo prefestivo.

He dirigido mis pasos hacia la iglesia de San Lorenzo. Por Conde Oliveto he llegado a Baluarte para salir a Navas de Tolosa. Al pasar por nuestro paraninfo universal, he parado un momento para hacer de jubilado y ver como descargaban una casa de un camión y era depositada allí para su exhibición en una feria del sector. La casita se les desequilibraba un poco pues estaba colgada de una gran grúa sujeta por unas cinchas y unas cadenas evidentemente mal medidas, lo que provocaba la consiguiente inclinación del miniedificio. Para solucionarlo han subido dos operarios al porche de la casa y haciendo de contrapeso le han dado la horizontalidad precisa para que tomase tierra, cosa que ha hecho con mimo, cuidado y éxito. No entiendo como pueden ser tan desalmados de hacer esto a las 23,45, cuando, por un lado, no hay un mal jubileta que les indique como han de hacerlo bien y, por otro, han privado de un espectáculo gratuito a un buen número de paseantes que hubiesen perdido media hora encantados viendo trabajar al prójimo.

He seguido mi camino y he llegado a la espantosa fachada de San Lorenzo. De nuevo nos encontramos a don Florencio Ansoleaga a la batuta de semejante adefesio. Dicha iglesia tenía un maravilloso pórtico en mármol de estilo borrominesco, con su pareja de columnas de fustes lisos y acanalados, con basas sobre pilastras y capiteles clásicos a cada lado de un arco de medio punto coronado por un medallón con el atributo iconográfico principal del Santo: la parrilla, y, rematando el conjunto, una gran hornacina con una talla del titular del templo. Esta joya fue demolida en 1901 y nadie la guardó, nada queda de ella. Una más.

Bueno, una vez allí, para entrar en ambiente festivo he creado mi propio momentico: me he colocado en la puerta parroquial y he empezado a hacer el recorrido de la procesión, el que en una semana recorrerá el Santo Moreno: paseo de Arazuri, Navas de Tolosa, Taconera, San Antón, plaza del Consejo, Zapatería, Consistorial, San Saturnino y calle Mayor para llegar de nuevo al punto de salida. Así lo he hecho y he tardado 12 min 46 seg en recorrer lo que Él tarda más de dos horas, pero, claro, todo tiene su explicación, el pobre Fermín solo sale una vez al año y son muchos los amigos que le esperan fuera, así que ha de ir parándose a cada paso para saludar aquí , sonreír allá, escuchar emocionado una jota que “es la jota de tu Navarra la que hoy te reza, la que hoy te canta” y, con las lágrimas pugnando porque sabe que falta su autor, Joaquín Madurga, seguir por Zapatería a la calle e iglesia gótica de San Saturnino, su colega, y a la altura del Pocico cada año tiene parada obligada para que salga el señor Echarte, el librero, con una escalera de mano en la que dos chicas, de blanco inmaculado, subirán a poner en el paso del Santo dos jarrones con rosas rojas. A mi inolvidable y llorado amigo Carlo Crosta le encantaba ayudar a sacar la escalera de la librería, eso le hacía un poco protagonista y a él no le gustaba ser espectador, siempre actor.

Un poco más adelante, ya en la calle Mayor, habrá de parar otro par de veces para que le canten los chicos de la Cofradía de San Saturnino a Él y al gigante negro, Toko-Toko, al que harán bailar con su Braulia al compás del Candombe para el negro José, porque, no lo he dicho, pero… durante todo el camino le acompañan ocho gigantes de extraños atuendos y variadas razas, primero los europeos, con los reyes Joshemiguelerico y Joshepamunda;le siguen los asiáticos Sidi abd El Mojamé y Esther Arata, luego los africanos Selim-pia Elcalzao y Larancha-la y por último los americanos Toko-Toko y Braulia, bailan y bailan todo el camino y se hacen acompañar de un tal Caravinagre y sus secuaces, el Patata, el Coletas, Napoleón, Barbas y Verrugón que junto a seis caballos con piernas humanas llamados Zaldikos , reparten vergazos a diestro y siniestro;poniendo orden van en su comitiva unos tíos de grandes cabezas llamados Japonés, Concejal, Japonesa, Alcalde y Abuela pero que son totalmente inoperantes y su autoridad brilla por su ausencia.

Luego el bueno de Fermín pasará bajo el arco de guitarras de los cuarentunos y escuchará los violines de los Amigos del Arte, y seguirá sonriendo y saludando a todos, a la señora, al caballero, al militar sin graduación, al tendero, a la monja, al mozopeña y al niño grande que lleva dentro, al japonés y a los guiris en general que no pueden cerrar los ojos de tanto como ven;al llegar a la altura de Teresianas habrá de parar de nuevo para que desde el balcón de Casa Huarte alguien cante una jota “…que hizo a San Fermín llorar…”. !Qué ratos en esos salones¡

Durante todo el camino, entre canto y canto, La Pamplonesa ira soltando dorremís sin cesar, que si Mocholi, que si El Asombro de Damasco, que si Pamplona, Feria del toro. Grande, muy grande La Pamplonesa.

Y así poco a poco, entre vivas y aplausos, llegará a su casa de nuevo para volver a descansar en su templete ya que le vienen fechas de mucho currelo y ha de estar fresco. Estos días son miles las peticiones que ha de atender, quites capoteros en el encierro y vigilancia 24/24 de la ciudad que le vio nacer.

La procesión de San Fermín es sin duda el acto más emocionante de cuantos se celebran en Pamplona a lo largo del año. Yo tuve el gran honor de llevar al Santo en la procesión de 1988 y os puedo asegurar que será uno de esos momentos de mi vida que jamás olvidaré, es una emoción continua. Aquel año se montó parda. Personas afines a la causa abertzale impidieron la salida de la corporación del zaguán del ayuntamiento. Yo estaba allí dentro con mi peluca y mis calzones dieciochescos y vi a escasos dos metros como el concejal más joven y, por ello, portador del pendón de la ciudad, arrojaba éste al suelo con gran desprecio y con la consiguiente indignación del resto de grupos municipales, allí se cruzaron palabras fuertes y al final tuvieron que salir por la puerta trasera y, en taxi, dirigirse a la capilla. Qué tiempos más moviditos aquellos.

Bueno hasta aquí la parte festiva del Santo. Mi espacio se acaba pero guardo en el tintero la parte histórica o legendaria del protagonista de estos nueve días de locura, eso será el próximo domingo.

Felices Sanfermines.

Besos pa’tos.