Quitarse de en medio

Por Javier Ojer Alonso - Lunes, 2 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

recordaba Mariano Gallo, antiguo director del Instituto Navarro de Salud Laboral, las palabras de Albert Camus en las que éste afirmaba que el único problema filosófico verdaderamente serio era el suicidio. Juzgar si la vida es o no digna de vivir es la respuesta fundamental a la suma de preguntas filosóficas. Algo más reciente es la definición del psicólogo clínico Javier Jiménez Pietropaolo, presidente de la Asociación para la Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS), quien afirmaba hace unos días en Pamplona que el suicidio es la solución radical al sufrimiento psicológico intolerable. Sea como fuere, esta lacra social, a la que pocas personas quieren ponerle cara, supone en España, según los últimos datos de 2016, una media de casi diez suicidios al día. Una cifra, 3.569 muertes violentas, que supera en mucho a los fallecimientos por accidentes de circulación en nuestro país.

Éstas son algunas de las ideas que el presidente de AIPIS apuntó en la Jornada sobre la Prevención del Suicidio en el Ámbito Policial que organizaron los sindicatos policiales de CCOO y el SUP el pasado día 7 de junio en Pamplona. Se trataba de analizar un fenómeno que desde el año 2007 viene superando, y con creces, a otro tipo de muertes, y del que se habla poco por miedo al efecto llamada, cuando la realidad es que afrontar este problema ayuda en mucho a reducir sus alarmantes números.

En el ámbito policial existe una doble realidad a tratar;por un lado, la incidencia del suicidio en el personal de la seguridad pública, es decir, los policías y las policías que “se quitan de en medio” y por otro, la vivencia propia de los agentes cuando hacen frente a un caso de autolisis en su trabajo. En uno y otro caso, la falta de prevención al respecto es más que evidente, a tenor de la estabilidad en las cifras que se repiten año tras año. Frente a las campañas de todo tipo y la inversión pública que se realiza en la prevención de las muertes derivadas de accidentes de circulación, y que, como veremos, tienen un efecto positivo, la ausencia total de estas mismas inversiones en la prevención del suicidio es notoria.

En el año 1999 se produjeron 6.000 muertes por accidentes de tráfico en España frente a los 1.890 en 2016. Sin embargo, y tomando como referencia los mismos años, en 1999 se suicidaron 3.218 personas y en 2016, 3.659. Los datos son clarificadores. Los suicidios, lejos de reducirse, aumentan, y nadie, o casi nadie, hace nada para evitarlos de forma eficaz.

El suicidio es una realidad multifactorial con la que los policías viven diariamente. Además sus causas también son múltiples y variadas. En Navarra se produce un suicidio cada semana. La Organización Mundial de la Salud establece que cada treinta segundos alguien decide matarse en el mundo. Hagan ustedes las cuentas. Tanto el suicidio como las tentativas frustradas suponen uno de los problemas más graves de salud que pueden afectar a las personas y, es por ello, que la propia OMS recomienda que sea atendido por los gobiernos como algo prioritario en sus políticas. ¿Es o no un problema serio…? Si es así, ¿por qué no se invierte en prevención y en formación sobre este fenómeno?

Como policías tenemos los mismos riesgos que el resto de la población y también los propios de nuestra profesión: el estrés y la presión laboral, la conciliación de la vida laboral y familiar (turnos, guardias, horarios…), el desarraigo por la movilidad geográfica, el peculiar modelo de una relación laboral jerarquizada y disciplinada, las armas de fuego, la disparidad de medios materiales y humanos de los diferentes cuerpos de seguridad, así como la escasa cultura preventiva.

AIPIS ha editado varias guías informativas en las que, entre otros aspectos, se desmitifican ciertos conceptos erróneos sobre la conducta suicida en los que es relativamente fácil caer;mitos que no ayudan en nada y que es necesario erradicarlos para poder afrontar con garantías este problema. Mitos como “el que se quiere matar no lo dice”, “el que lo dice, no lo hace”, “hablar del suicidio produce un efecto llamada”, “todos los que se suicidan tienen problemas mentales o están deprimidos o tienen problemas graves”… Mitos que enmascaran la realidad y que hay que desdeñar porque no son verdad.

Debemos tener unas pautas claras en las intervenciones con aquellos supervivientes, ya que, en muchísimas ocasiones, una vez más somos quienes llegamos en primer lugar a la trágica escena. La empatía con el dolor, el contacto visual, el saber escuchar, dejar hablar, el ofrecerse a las familias, el no juzgar, ni sermonear, ni desafiar, ni moralizar, en definitiva, el ayudar como una muestra más del apoyo hacia el que sufre, debe estar en todos los manuales de formación en nuestras respectivas estrategias formativas.

El autor es responsable de Comunicación CCOO-Policía Foral

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