Las fotografías del encierro

Alfredo Aristu Hernández - Martes, 3 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El 9 de julio de 1961, Javier Mendióroz Olleta fue corneado en el callejón de la plaza por un toro que le atravesó el antebrazo. La secuencia de la cornada, la captó el fotógrafo Javier Zubieta Retegui, y recoge el momento en el que permanece levantado en vilo y enganchado al pitón derecho. Una imagen que pertenece a la memoria colectiva.

En la década de los años 70, durante los Sanfermines, existía una tradición que, al contrario, fue a menos con el paso del tiempo. Después del encierro y tras el almuerzo o el desayuno con churros, cientos de pamploneses se dirigían a las calles donde estaban las tiendas de fotografías y en ellas se exponían las instantáneas de los encierros.

Se oficiaba la costumbre de concentrarse en frente de los escaparates y, con tanta gente arremolinada, se convertía en un espectáculo al aire libre. Hasta cuatro o cinco filas de curiosos se agolpaban en un metro cuadro de acera.

Entre tantos espectadores, los había que, en cuanto distinguían a un familiar, expresaban su entusiasmo en voz alta y, otros, en voz baja su asombro, al no tener constancia de que el conocido fuera tan arriesgado. Muchos, atraídos por una imagen enrevesada, se rascaban la cabeza y, los mismos, ante una imagen dramática, apuntaban con el dedo a la llaga del infortunado.

A los turistas les costaba más tiempo de lo normal visualizar las fotografías porque ellos se debatían entre la censura y el elogio. Los de casa, familiarizados con el encierro, ninguna fotografía los pillaba por sorpresa. Entre los corros, se colaban algunos padres de los mozos que se habían escapado y, al identificarlos, entraban corriendo a la tienda y salían con la prueba del delito entre las manos. Los corredores que habían protagonizado las escenas, se apostaban detrás de las filas y escuchaban en silencio los comentarios que surgían a su alrededor. Varios de ellos, al verse retratados, suspiraban y nos les importaba aparecer en una esquina, que lo interesante era salir.

En la década de los años 70, la mayoría de los mozos llevaban pelos largos, pantalones pata de elefante, y Bob Dylan cantaba Hurricane. Cada mañana, el hábito de contemplar las fotografías, era una cantinela que generaba fascinación y sobresalto. Y si las fotografías cumplen años y amarillean, no caducan, porque no están sujetas a la mudanza del tiempo. En ellas, el tiempo perdura tal y como era y cómo éramos nosotros, los nosotros de antes.

Últimas Noticias Multimedia