‘La Manada’, la fuerza animal del macho

Por Ana Figueras Castellano - Martes, 3 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Desde que este 8 de marzo, la agenda se ha teñido de morado, abres la prensa y casi todos los días hay titulares de este tenor: “Las mujeres toman las riendas para visibilizar su presencia en los escenarios”;“Así se margina las mujeres en los festivales de música”;“Hay que contar con el talento de las mujeres...”.

Y también de éste: “La reportera María Gómez denuncia el machismo que sufren las periodistas en el Mundial”.

Comenta quien sufre este tipo de acoso que aficionados completamente mamados o no se lanzan sobre las periodistas intentando besarlas y abrazarlas molestando mientras realiza su trabajo.

Llegado a este punto a mí me parece esencial reflexionar sobre algunos aspectos que son indiscutibles, como es que la mujer se ha armado de valor y denuncia las agresiones que sufre y también es innegable el avance y conquista en espacios hasta ahora reservados al hombre.

A pesar de esto, hay un pero importante que siento no está resuelto ni de lejos. Y es el hecho de que la parte masculina de la persona, hombre, funciona respecto a la parte femenina mujer, como pertenencia.

La forma de comportamiento es abismal por diferente. Un ejemplo que estos días he reflexionado a resultas de la puesta el libertad de los violadores de La Manada. El hombre ve a la mujer con derecho a satisfacer sus necesidades sexuales por el simple hecho de verla con una vestimenta determinada, con una actitud que él interpreta como deseo y así se pueden enumerar muchas otras imaginaciones masculinas. Nunca una mujer actúa en esos términos respecto al hombre.

No hay leyes para que estos comportamientos masculinos cambien. Salvo que la mujer esté considerada, respetada y apoyada por quien ahora no la considera, ni apoya y mucho menos respeta. Para que estos comportamientos cambien, es necesaria una visión no patriarcal de los comportamientos cotidianos. Todas las generaciones deben reflexionar, de modo crítico en todas las relaciones personales de género.

En España se denuncia una violación cada 8 horas, más las que se callan. Se comprueba que esta floración de pandilleros se organiza para acosar y violar a las chicas.

Si la sexualidad en algunos grupos de adolescentes machos, se aprende de la pornografía que ronda por las redes y prostíbulos, la banalidad que supone ésta interpretación de las relaciones sexuales, es tremenda.

Si a esto se suma que el tratamiento de algunos tribunales sea benévolo en el enjuiciamiento y condena por violaciones, la verdad es que la mujer lo tiene francamente mal.

La moral que se impone, de no remediarse, es la de que casi todo vale y no se respeta a la mujer por el hombre que solo ve sexo y lo quiere a toda costa. Poca esperanza nos queda de ver a los hombres y mujeres respetándonos, queriéndonos y conviviendo en igualdad.

La sexualidad debe ser enseñada en igualdad para las mujeres y hombres desde la infancia, entendiendo que es fundamental para el desarrollo emocional y placentero de las personas, siempre que sea deseada y consentida por ambas partes.

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