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50 años con Hemingway

El monumento al escritor y periodista estadounidense, que fue construido en 1968 junto a la Plaza de Toros de Pamplona como homenaje al Premio Nobel, cumple este año su 50º aniversario

Alberto Guzmán - Jueves, 5 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

pamplona- Pamplona y San Fermín hicieron mella en Ernest Hemingway (1899-1961) y, en cierto modo, se convirtieron en parte de él. Tal y como escribió en Fiesta: “No puedes huir de ti mismo por el mero hecho de trasladarte de un sitio a otro. No se logra nada así”. Por eso Hemingway sigue aquí, muy presente en la ciudad de Pamplona. Todavía hoy se intuye su presencia en la vieja Iruña, especialmente en las vísperas de San Fermín, en la terraza del Café Iruña, el tendido de la Plaza de Toros y en tantos otros rincones de la ciudad en los que dejó su impronta. Y es que los Sanfermines conquistaron el corazón del escritor que contribuyó a la internacionalización de las fiestas a través de su literatura.

Ese fue uno de los motivos por los que el 12 de septiembre del año 1967 el Ayuntamiento de Pamplona aprobó en pleno dar el nombre de Paseo de Hemingway al que se extiende entre el callejón de la Plaza de Toros y el antiguo parque de bomberos. El paseo, que acompaña a la muralla, es una zona peatonal arbolada presidida por el monumento a Hemingway, una pieza que este año celebra su 50º aniversario y que fue realizada por el escultor barcelonés Luis Antonio Sanguino.

El monumento consiste en un busto que pretende rendir homenaje al escritor que “a través de sus obras ha divulgado por todo el mundo el carácter y tipismo de nuestras incomparables fiestas de San Fermín”, tal y como concluye el encargo firmado en el acuerdo municipal.

En 1967 se aprobó nombrar como Paseo de Hemingway al que se extiende entre el callejón de la Plaza de Toros y el antiguo parque de bomberos

Su fascinación por las fiestas de San Fermín fue tal que cada año (desde 1923) volvió a la ciudad de m

El grupo escultórico está compuesto por un gran bloque de granito de Guadarrama en el que la parte inferior, a modo de pedestal, sustenta el torso del escritor ataviado con su característico jersey de cuello vuelto. Los brazos del nobel de Literatura se apoyan sobre la que se intuye como la barrera de la Plaza de Toros mientras observa la faena de algún diestro amigo en el coso pamplonés. La cabeza modelada en bronce permite apreciar rasgos de madurez en el rostro del homenajeado. Completa la pieza la inscripción en la parte frontal de la base: “Ernest Hemingway. Premio Nobel de Literatura. Amigo de este pueblo y admirador de sus fiestas que supo describir y propagar. La ciudad de Pamplona. San Fermín, 1968”.

La inauguración de la escultura tuvo lugar, como no podía ser de otro modo, en el mes de julio. Concretamente el 6 de julio de 1968, 45 años después de la que fuera su primera visita a la ciudad. El acto contó con la presencia de la viuda del Nobel, Mary Hemingway, y diversas personalidades.

El mes de julio tuvo especial protagonismo en la intensa vida de Hemingway. Nacido un 21 de julio en Oak Park, Illinois, llegó por primera vez a Pamplona el 6 de julio de 1923. Aquellos fueron sus primeros Sanfermines, pero no los únicos. El escritor disfrutó de las fiestas de San Fermín hasta en nueve ocasiones, siendo las últimas las de 1959. Finalmente, y tras dos intentos previos fallidos, Hemingway se quitó la vida el 2 de julio de 1961 en Ketchum, en el estado de Idaho.

Aquel reportero del Toronto Star que llegaba a Pamplona a punto de cumplir 24 años quedó impresionado por la fiesta nada más bajar de su autobús y poner los pies en la Plaza del Castillo. Su fascinación por los Sanfermines fue tal, que cada año volvió a la ciudad de manera ininterrumpida hasta 1929. En 1926 escribió The Sun Also Rises, conocida aquí como Fiesta y considerada su primera gran obra. La novela, que trata sobre un grupo de americanos e ingleses exiliados en París que viaja a Pamplona durante San Fermín, ha contribuido enormemente a la internacionalización de las fiestas.

En 1953, Hemingway recibió el Premio Pulitzer por El viejo y el mar y tan solo un año después, en 1954, fue reconocido con el Nobel de Literatura. Consagrado y con renombre, Hemingway volvió por San Fermín en 1953 y 1959. Habían pasado unos cuantos años pero aquel experimentado escritor mantenía intactas las ganas de disfrutar de la fiesta como cuando era un joven reportero.