Carta a la confesión

Daniel Ezpeleta - Jueves, 5 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

En Larrasoaña, un pueblo de Navarra, una mujer de 89 años contempla los esqueletos de los cuatro hombres que gracias a ella han podido ser descubiertos. Ha guardado el secreto durante 80 años. Tenía 9 años. No lo dijo ni en su casa. Dos se confesaron y dos no. Dos cayeron boca abajo y dos boca arriba a las afueras del cementerio, lugar sagrado para los asesinos y el cura.

Señor cura, en Navarra no hubo frente de guerra, solo hubo asesinatos. Señor cura, hace falta estómago y valentía para confesar sus pecados a un hombre antes de ser asesinado a sangre fría. ¿Por qué no se puso delante y evitó el asesinato? ¿Los dos que se confesaron cayeron boca arriba o boca abajo? ¿Fueron al cielo o como los que no se confesaron fueron a no se sabe dónde? Lo que es seguro es que los cuatro fueron bajo tierra, como ha certificado el forense Paco Etxeberría Gabilondo con una bala en la cabeza cada uno.

Navarra buena, navarro bueno, atrévete a saber.

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