Hoy sabemos más del final de Caja Navarra

Por Koldo Martínez Urionabarrenetxea - Jueves, 5 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

La comisión de investigación parlamentaria sobre la desaparición de Caja Navarra se toma un descanso hasta septiembre. Lo hace después de las intensas comparecencias de los directores de Camp y Can, señores López Merino y Riezu, antes de su fusión;y de quien dirigió Caja Navarra desde 2002 hasta su desaparición, Enrique Goñi. Este tiempo servirá para madurar los abundantes datos que se han ido conociendo con estas comparecencias;y espero y deseo que lo aprovechen algunos de los que han querido minusvalorar la importancia de lo que vamos sabiendo.

“Que no se aporta nada respecto a 2013, que es una pérdida de tiempo, que solamente hay detrás venganzas o intereses espurios…” son algunas de las críticas que ha recibido esta Comisión. Por un lado, por parte de aquellos personajes o empresas que se han beneficiado de la evolución de la Caja y tienen poderosas razones para que no se conozca la verdad;y, por otro, de aquellas ententes políticas y mediáticas que, apartándose de su propia base sociológica que todavía se pregunta qué pasó con Can, se apuntan a la cantinela descrita de que “no hay nada nuevo”.

Entre los primeros, claro está, se encuentran quienes se beneficiaron directamente de Can, quienes gestionaron Can desde 2002 hasta su disolución en CaixaBank y quienes no cumplieron con su labor de control, tutela y capacidad de veto.

Pero entre quienes minimizan y ridiculizan los nuevos datos -y nadie entiende por qué- se ha colocado el PSN. El portavoz socialista Guzmán Garmendia, pese a la escandalosa y extraordinaria información que vamos conociendo, viene insistiendo que no hay nada nuevo y en comparar la Comisión a “sesiones de cotilleo tipo Cuéntame”, califica la desaparición de la Caja como “cuestión sentimental sin consecuencias económicas” y se pone en primera fila para denunciar el alargamiento de esta investigación.

Quizá no han mirado, siquiera por encima, documentos de organismos oficiales como el Banco de España, UDEF o Audiencia Nacional, así como auditorías, actas e informes de Can, Banca Cívica y CaixaBank, que no conocíamos hasta ahora. ¿No cree el PSN que sus propias bases y la sociedad navarra deben conocer quiénes decidieron que Kiko (Enrique Goñi) fuera el director de Can tras la fusión con Camp? ¿O es que tenemos que pensar que no quieren que se investigue la fusión con las cajas fundadoras de Banca Cívica y, especialmente, con una CajaSol quebrada, en términos de análisis de balances;es decir, con valor patrimonial negativo importante, según se desprende de la Due Dilligence llevada a cabo por Deloitte por mandato de Caixabank?

La constitución de Banca Cívica, destaca el Banco de España, se hizo sin incluir los procedimientos habituales que se realizan en cualquier compra de negocio bancario. Caixabank sí que hizo los deberes y encargó una auténtica Due Dilligence, en contraste con las operaciones de fusión de Banca Cívica.

Lo del PSN nos sorprende. No lo hace, en cambio, la incomodidad ante los nuevos datos de quién se benefició, quién dirigió y quién tenía las funciones de control, tutela y veto con Can. No nos extraña que estén incómodos cuando los informes mencionados y las propias aportaciones de los comparecientes en la Comisión confirman el deterioro de la Caja bajo la dirección del señor Goñi -de Kiko- a la vez que se multiplicaban sus retribuciones personales. Prefieren el relato de que “el tsunami financiero y regulatorio se llevó por delante a muchas entidades, pero que Caja Navarra y sus clientes, preferentistas y accionistas se salvaron integrándose en CaixaBank desde un proyecto útil como Banca Cívica”. No nos extraña que intenten “empatar a datos” y desacreditar a las personas que se la han jugado para aportar luz sobre lo que pasó con la Caja de todos y todas las navarras. No nos extraña que busquen eso que se llama “matar a los mensajeros”.

Pero ese relato ya no cuela. El “tsunami financiero y regulatorio” no era insalvable. Y fue igual para todas las Cajas, pero las de nuestro entorno (las vascas, la aragonesa, la Rural de Navarra o la Laboral) siguen existiendo, adaptadas a la nueva situación y manteniendo sus objetivos fundacionales. Esas Cajas salvaron los “insalvables tsunamis” porque tomaron unas decisiones estratégicas muy distintas a las del Consejo de Administración de Caja Navarra.

Lo que hemos ido conociendo es, por ejemplo, que durante varios años seguidos los resultados de Can fueron maquillándose con “atípicos” a medida que descendían los resultados de la actividad ordinaria de la Caja. Atípicos que incluyeron la venta de participaciones de empresas de Can, empresas del grupo financiero como las gestoras de fondos de inversión y pensiones y aseguradoras, y hasta la propia sede cuando hizo falta. El señor Goñi hizo como el del chiste: vender las ruedas para comprar gasolina. Hasta el punto que en 2008 el señor Goñi tiene el dudoso honor de haber obtenido pérdidas en la actividad ordinaria de Caja Navarra por primera vez en su historia. Y es el Banco de España quien nos lo ha señalado.

En ese punto estaba Caja Navarra cuando, diciendo “prefiero elegir a que me elijan”, Enrique Goñi eligió socios e impulsó una fusión que resultó ruinosa para Can, pero que le llevó a la presidencia de aquella Banca Cívica que él mismo definió como “proyecto útil”. Posteriormente, CaixaBank nos hizo saber -a través de sus actas- que el valor de los fondos propios de Banca Cívica cuando fue absorbida era 0 (sí, cero).

Por todo esto y por mucho más que vamos sabiendo, la comisión parlamentaria sobre Caja Navarra se ha convertido ya en un espejo donde cada grupo político se refleja ante la sociedad navarra. Podemos censurar -aunque entender- el comportamiento de UPN defendiendo a capa y espada el relato del señor Goñi, porque todo sucedió bajo la hegemonía de este partido. Pero nos cuesta mucho más entender el cambio de actitud del PSN a lo largo de 2018. Sobre todo cuando hemos conocido información demoledora que demuestra que la debacle de Caja Navarra no fue natural, que hizo mucho daño económico a Navarra y que se pudo evitar. Y que el Gobierno de Navarra, que debía haber controlado y tutelado todo, no lo hizo.

De las responsabilidades penales hablarán otros. En la comisión, Geroa Bai busca conocer la verdad, que poco a poco va viendo la luz, para que las posibles responsabilidades económicas, sociales y políticas puedan ser, por fin, aclaradas. Ojalá después de septiembre, tras la reflexión, el reposo de los datos y el sosiego necesario, nos encontremos en la búsqueda de la verdad con el PSN: ese que, quién sabe por qué, ha pasado de una actitud beligerante, reclamando al Gobierno de Navarra que se personase en la causa abierta en la Audiencia Nacional… a una actitud beligerante contra quienes queremos conocer qué pasó realmente en aquel hundimiento a cámara lenta, fruto de decisiones estratégicas mal tomadas, con testigos que no hicieron nada, con otros que directamente sacaron provecho… y con un Gobierno que cayó en una absoluta dejación de funciones.

El autor es portavoz parlamentario de Geroa Bai

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