Conexión desapercibida

Jesús Pérez Artuch - Viernes, 6 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Se trata de un rompecabezas silencioso, compuesto por tres piezas hiladas en el tiempo, que tratan de colarlo de manera desapercibida entre la velocidad social y el cúmulo de acontecimientos interesadamente enfocados social y sobre todo, políticamente.

Los Sanfermines como escenario común. El papel principal, para el absoluto poder autoritario que durante los últimos cuarenta años, han tenido y tienen los aparatos policiales amparados por el Estado.

La primera escena nos remonta al año A, 1978, al código clave: “8778: ¡No os importe matar!”.

Aquel día 6 la pancarta del Ayuntamiento pedía: “Para San Fermín todos en casa” (por las personas presas a raíz de unos sucesos ocurridos dos meses antes en la ciudad).

Cincuenta y seis horas después se trataba de romper el tablero a cualquier precio. A degüello, casi a cañón tocante, en una ciudad abarrotada que disfrutaba su sábado festivo. La Policía se limitó a cumplir órdenes. No se abrió proceso judicial ni se ha realizado ningún tipo de investigación oficial por parte de los gobiernos desde aquella fecha.

Saltamos al día 7 de 2016. Cinco chicos sevillanos, entre ellos un guardia civil y un militar, abusan repetidamente de una joven de 18 años en un portal en pleno centro de la ciudad. Son detenidos y juzgados. Hoy, no existe riesgo de fuga y disfrutan de libertad provisional hasta que se dicte la sentencia en firme. Las dos personas con profesión militar pasaron la prisión preventiva en una madrileña cárcel militar. “Para San Fermín todos en casa”. Aquí sí.

Y la tercera y última conexión, estimo que para nada casual, nos lleva a la situación de los/las jóvenes de Altsasu que, en evidente riesgo de fuga, continúan en prisión ¿cerca de casa?, también a la espera de sentencia en firme, tras lo ocurrido con miembros de la Guardia Civil, fuera de servicio, en un bar del pueblo en octubre de 2016. ¿Para San Fermín todos/as en casa?

La zarza sigue ofreciendo espinas con el paso de los años. Los retazos encajan fácilmente. Cuando coincide mundial de balompié, a la perfección. Aunque azucen las brasas para unos Sanfermines candentes, Pamplona ha aprendido a evitar provocaciones y mantener su identidad y ganas de fiesta a pesar del humo en el horizonte.

Que vaya bueno.

Felices fiestas para todos/as.

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