Yo tengo un sueño: apostar por la positividad

Por Maialen Aguinaga Alfonso - Viernes, 6 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

con la tranquilidad de las vacaciones, los que tenemos la suerte de disfrutarlas podemos hacer nuestra una brillante frase del ingenioso escritor y periodista londinense Chesterton: “El optimista cree en los demás y el pesimista solo cree en sí mismo”. Basándonos esta vez en el refrán popular que dice “querer es poder”, podemos pensar que las cosas pueden ir a mejor si cada una/o nos proponemos aportar nuestro granito de arena en la vida familiar, profesional y social. De modo que desaparezcan de los ambientes en que nos movemos los comentarios negativos, las críticas que amargan la convivencia, las habladurías, los susurros, los sarcasmos en nuestras conversaciones y adquiramos una visión alegre, optimista, positiva y alentadora. Como dice un proverbio chino: “Todos los días nos arreglamos el cabello;¿por qué no hacer lo mismo con el corazón?”. Apostemos por una cultura no agresiva ni violenta, sino por un diálogo respetuoso, de encuentro, que escuche al otro y empatice, también cuando hay diversidad de pensamiento o de creencias. Debemos aprender a disentir sin hacernos antipáticos, dando razones, sin alzar la voz y reforzando nuestros argumentos. ¿Quién no guarda en la memoria un buen ejemplo, una ayuda, un favor recibido, una sonrisa en un momento de decaimiento? Son recuerdos que no se olvidan. Sin embargo, parece que hay una conspiración contra la alegría, una cualidad tan atractiva y alentadora. Solo hay que ver los telediarios para comprobar que hay una selección de noticias desesperanzadas, con las que se logra más que informar, minar la moral de los ciudadanos, para que no reaccionen al sentirse impotentes ante tanta calamidad. Son agoreros de malos tiempos y a una noticia trágica le sigue otra peor y una marea de negatividad se propaga por todas las redes sociales, televisiones, radios, prensa impresa o digital y, en consecuencia, el ambiente familiar y social también se carga de agresividad, de malos tratos, de violencia, de modos de hablar insultantes y de maltratar al primero que nos contraríe. Quizá debemos ser más activos en exigir a los medios de comunicación unas noticias que pongan su foco en aspectos positivos -que los hay y constatamos- a través de cartas al director, llamadas a radios, redes sociales, blogs u otros medios, de modo que aquellos no contribuyan al colonialismo cultural, el cual selecciona solo las noticias que quieren que escuchemos o leamos hasta que casi automáticamente las repitamos como papagayos a base de un bombardeo continuo. Es verdad que también los receptores podemos ejercitar nuestro sentido crítico, seleccionar y contrastar los medios de información que queremos recibir y también apagar esos medios, sin estar todo el día conectados. El silencio y la lectura reflexiva y sosegada de otro tipo de libros más profundos son excelentes medios de evitar esa invasión de nuestra intimidad. Así daremos mayor valor al diálogo personal que facilita el discernimiento crítico, al precavernos de recibir pasivamente unas informaciones, muchas veces interesadas y conquistadoras de opinión.

Este año, además, se han cumplido el pasado 4 de abril 50 años del asesinato de Martin Luther King mientras estaba en el balcón de un motel en Memphis, Tennessee. Murió a los 39 años tras una vida intensa. Por ello, el tercer lunes de enero, coincidiendo con el mes de su cumpleaños, se celebra en Estados Unidos como día festivo para homenajear la figura de este líder de la lucha pacífica por los derechos civiles. Por ello hemos titulado esta carta con el leitmotiv de su famoso discurso: “I have a dream” (Yo tengo un sueño) que invito a releer completo porque nos subirá la moral y transmitirá optimismo ante situaciones que parecen imposibles de cambiar. Y quizá estos dos títulos de libros interesantes para el verano que nos ayudarán a ser asertivos: Ética del humor de Juan Carlos Siurana, profesor titular de Filosofía en la Universidad de Valencia, en el equipo de Adela Cortina. Y uno más ligero de lectura y sencillo Abre la puerta a la alegría de Alex Rovira y Francesc Miralles.

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