Editorial de DIARIO DE NOTICIAS

Un chupinazo redondo y rockero

La contagiosa sonrisa de Motxila 21 puso mecha a las fiestas de San Fermín, protagonizando un cohete inclusivo, multitudinario y reivindicativo, que ha sabido aparcar también las diferencias políticas del Gobierno municipal

Sábado, 7 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El estallido del cohete y la explosión de la fiesta demostraron ayer estar por encima de todo. La pólvora del Chupinazo es la única capaz de sacar lo mejor de cada uno de los pamploneses y pamplonesas, de aparcar las diferencias políticas, de tumbar cualquier vaticinio agorero sobre los Sanfermines (lo que ayer se vio en el plaza Consistorial fue una multitud sana y con muchas ganas de fiesta), y de no enturbiar las largas sombras que la justicia navarra ha dejado este año en diferentes causas (caso Altsasu, sentencia de La Manada y los restos franquistas de la cripta de Los Caídos), las primeras presentes en las pancartas a modo reivindicativo junto a la ikurriña que no pudo estar presente dentro del consistorio. Unas fiestas que cada año son mucho más igualitarias gracias al ingente trabajo que el Ayuntamiento de Pamplona y los colectivos realizan, con campañas preventivas que han ido calando y permeando en la conciencia social, sin necesidad de camisetas negras, con una mayor sensibilidad sin duda este año, lo que se ve en la mirada de respeto hacia las mujeres y en las ganas de vivir la fiesta en la libertad. No es casualidad que la Policía local bajara ayer a una de las pocas mujeres que, entre la multitud, se encontraba a hombros de un amigo. Más de 16.000 personas pasarán (datos 2017) por el punto de información de la Plaza del Castillo no solo para llevar una mano roja de pin sino para aprender a convivir. O que Alertcops, la app de seguridad ciudadana en la que colaboran las cuatro policías de Pamplona, ofrezca incluso la posibilidad de geolocalizar a familiares además de gestionar denuncias, es un avance en seguridad. Unas fiestas más inclusivas y plurales gracias a la vivacidad, entusiasmo y felicidad que contagiaron ayer Motxila 21, chavales no tan diferentes que nos enseñan a vivir con alegría y respeto. “No es sólo un cohete, es todo lo que hay detrás. Es una oportunidad para normalizar la situación de estos chicos”, reconocía Alegría Portillo, madre de uno de los integrantes de la agrupación musical. Unas fiestas para aparcar las diferencias políticas dentro del Ayuntamiento. Porque, lo quieran o no, se enfaden por uno u otro proyecto, todos son necesarios para el cambio: los cuatro grupos. Y las diferencias ideológicas no parecen tan insalvables con un acuerdo programático de por medio. Si hubo consenso para repartir 200 millones de presupuesto no parece tan difícil hacerlo con los 8 millones de superávit. El de ayer fue el último Chupinazo de la primera legislatura del cambio. Y esperamos que no sea el último.

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