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Encender las luces de la fiesta

Fue ‘naranjito’, el día 6 hace ‘tatuajes’ sanfermineros con rotulador permanente, y metida en juerga suele lanzar irrintzis. Adriana Eransus, la autora del cartel de este año, se ha propuesto sacar la parte buena de la fiesta

Marivi Salvo | Unai Beroiz - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Adriana Eransus baila en la Plaza del Castillo, como lo hacen los protagonistas de su cartel ‘Ciudad de luces’.

Adriana Eransus baila en la Plaza del Castillo, como lo hacen los protagonistas de su cartel ‘Ciudad de luces’. (UNAI BEROIZ)

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Adriana Eransus baila en la Plaza del Castillo, como lo hacen los protagonistas de su cartel ‘Ciudad de luces’.

¿Aquién no le gustaría almorzar el 6 de julio en la plaza del Ayuntamiento viendo el Chupinazo? Las amigas de Adriana tienen ese privilegio, ellas y más de uno que se suma al carro: “Y hemos llegado a juntarnos hasta 30”, señala. Este año, Adriana Eransus no ha tenido que hacer de anfitriona en su piso de la plaza Consistorial, porque le tocaba vivir el cohete en frente, dentro del Ayuntamiento, con sus padres Javier y Mari Paz, no en vano es la autora del cartel de San Fermín 2018. Ciudad de luces, una composición atípica, inspirada en la película La la land, es precisamente un reflejo de su forma de entender las fiestas de San Fermín: “Son especiales, tienen alma, y nosotros, los de Pamplona, lo sabemos”, dice, frente a aquellas corrientes de opinión que intentan vender la imagen de una fiesta donde todo vale.

Adriana es terriblemente activa. En sus manos está la huella, en forma de pintura de esa que no sale ni con aguarrás, del trabajo que acaba de realizar (un precioso tocado para la enésima invitada de boda), y aún no deja la sonrisa para prestarse al juego del fotógrafo: simular la pose de baile de uno de los personajes (Toko toko y Braulia) de su cartel. “Estoy emocionada. Lo de ganar el concurso fue cosa del destino”, cuenta. Como tantas de las cosas que le pasan en la vida.

Le pregunto por San Fermín y se le encienden las luces de la mirada. “Soy muy sanferminera”, me dice, como su padre Javier, que “lleva 60 años con la misma faja;y ya no es roja”, describe. A Adriana resulta muy fácil sacarle recuerdos y ver cómo se emociona con momentos vividos en sus más de treinta años de fiestas. Como aquella vez que un 6 de julio ella y una amiga pasaron “8 horas en la misma esquina, entre San Nicolás y Comedias, sin movernos desde las 2 a las 10”. Una juerga memorable, como suele ocurrir en Sanfermines.

Y aún me confiesa otros secretillos más de la fiesta. Cada 6 de julio, “desde los quince años”, sale con un rotulador permanente y hace tatuajes sanfermineros de brazo en brazo. Santos dibujados a mano, mensajes y dedicatorias para la fiesta que empieza y que acaban dibujados en la piel de más de una o de uno durante varios días. Adriana Eransus tiene mano para el dibujo, de hecho, su cartel es un magnífico compendio de personajes que hay que buscar. “Estoy yo, mis padres, mis hermanos... Amigos especiales...”. Como Fátima, la gaditana, a la que conoció en Dublín durante un Erasmus, y a la que, según dice, está unida para siempre”. Este año la de Conil está invitada, y si escuchan algún irrintzi improvisado por la calle, quizá están ellas detrás. “Son locuras que me dan;me pongo a lanzar irrintzis”, confiesa. Aún más, es de barracas, de comerse de una patata asada y jugar a las carreras de camellos. “Y mucho de Jarauta el 6 de julio, y de Calderería, y de la cuesta del Labrit....”. Y de comprarse el gorro, las gafas y el anillo iluminado: “Este año voy a hacer un esfuerzo con el vaso reutilizable”, me dice.

“HEMOS permitido MUCHO” Con su cartel Ciudad de luces, Adriana ha querido contribuir a cambiar la imagen de la fiesta, aunque más que a cambiar, se trataría de destacar en lo que siempre ha sido: una fiesta increíblemente mágica. “La imagen del todo vale que se ha querido vender ni procede ni corresponde con la realidad, pero, ¡claro! Si no frenamos eso entre todos, el bulo acaba descontrolándose”. Por eso señala que “nos han estado maltratando y manchando nuestra fiesta” y un poco “se nos ha ido de las manos”. Lo mismo opina respecto a los comportamientos machistas en la fiesta. “Hemos dejado pasar muchas cosas. Yo misma no dejaría ahora a mi sobrina aguantar lo que a mí me han hecho como mujer en la fiesta”.

Y eso que siempre ha sabido defenderse. “De joven fui naranjito en San Fermín, y he de reconocer que nunca tuve un episodio peligroso”. También estuvo atendiendo la oficina de Objetos Perdidos en Monasterio de Irache: “Recuerdo muchos momentos”. Aquel turista al que le robaron todo, y “le tuvimos que dar 50 euros para volverse a Barcelona (nada más llegar allí, nos hizo un ingreso)”, pero también “aquella persona que lo perdió todo y le devolvieron todo, incluyendo los 3.000 euros”. Las luces de las fiestas de San Fermín.

a bocajarro

¿Cuánto gasta el 6 de julio? Los 150 euros, a veces sin enterarte.

¿Su mejor liada sanferminera? Un 6 de julio que mi amiga y yo nos pasamos 8 horas en el mismo punto sin movernos.

Descubra un acto fuera del programa. Ver al gigante Toko toko, el día 7 donde La Zapatillera bailar el Candombe para el Negro José.

¿Un remedio para la resaca?

Coca cola y mucha fritanga.

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