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La distensión empieza a afianzarse

Normalidad en la procesión, con muchos aplausos y algún insulto al alcalde en calle Mayor y a los regionalistas, en la Curia

Kepa García Oskar Montero/Iban Aguinaga - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Parte de la comitiva municipal, con la guardia de honor de la Policía Municipal cerrando la procesión.

Parte de la comitiva municipal, con la guardia de honor de la Policía Municipal cerrando la procesión. (OSKAR MONTERO/IBAN AGUINAGA)

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Parte de la comitiva municipal, con la guardia de honor de la Policía Municipal cerrando la procesión.

pamplona- La procesión del 7 de julio es ante todo un acto religioso, el más importante para la mayoría de los creyentes de esta ciudad, pero con el tiempo también ha pasado a convertirse en un evento más de las fiestas abierto a todos y un termómetro de primera magnitud para pulsar la temperatura interna de Pamplona.

A tenor de lo visto ayer por la mañana en las calles del Casco Viejo, goza de buena salud, con sus peculiaridades, faltaría más, pero tiene buena pinta. Ni rastro de aquellos negros presagios que algunos vaticinaron hace tres años cuando se produjo el histórico cambio en el gobierno municipal, que aventuraban una legislatura cargada de tensiones y enfrentamientos ciudadanos con el primer alcalde nacionalista del periodo democrático al frente de la Alcaldía. Fallaron.

Algunas cosas han cambiado a mejor, como por ejemplo la casi desaparición de las actitudes violentas que durante muchos años se apropiaron del tramo entre Mercaderes y la Curia, que acabó convertido en una ratonera para los concejales regionalistas cuando accedían a la Catedral siguiendo la figura del santo.

Ayer se pudo comprobar que la distensión empieza a ser una realidad, pese a la presencia de media docena de individuos que aprovechándose de la multitud trataron de acercarse más de la cuenta a los ediles regionalistas en actitud violenta, ganándose varios manotazos. El dispositivo que puso en marcha la Policía Municipal en esa zona permitió que la comitiva prosiguiera su marcha con normalidad, muy lejos de la tensión que se generaba hace unos años, entre consignas a favor de los presos y de los jóvenes de Alsasua de un nutrido y compacto grupo de personas.

guitarras y silbidosEl alcalde Asiron también tuvo su correspondiente ración de silbidos e insultos. Y es que, de un tiempo a esta parte, en la calle Mayor se congrega otro grupo, de ideología contraria a los anteriores. En primera línea se encontraba el diputado regionalista Íñigo Alli, que no paraba de saludar a los corporativos mientras arreciaban los gritos contra el alcalde.

No deja de ser sorprendente que formando parte del acto -la figura del santo estuvo parada mientras entonaban su canción- ocurriera este hecho, no por lo que supone de crítica, a la que todos tienen derecho a ejercer mientras se realice con las formas adecuadas, sino por lo insólito de la situación. Al menos este año atendieron las recomendaciones que el Ayuntamiento les hizo llegar y se amplió el estrecho paseíllo por el que debía atravesar la comitiva ante sus guitarras levantadas, lo que según se mire puede constituir un riesgo.

“La gente ha estado muy bien, ha estado respetuosa, aplaudían a quien querían aplaudir y al resto lo trataban con respeto, que es como tiene que ser. Lo dije al principio, que espero unos Sanfermines donde se respeten todas las identidades, identidades de género, identidades políticas... absolutamente todas”. Así se manifestó el alcalde tras completar la primera parte de la procesión. No asistió a la ceremonia religiosa celebrada en la capilla de San Fermín, como ninguno de los concejales de EH Bildu presentes en el acto -Joxe Abaurrea y Aritz Romeo- ni tres de los cinco de Geroa Bai (Itziar Gómez, Esther Cremaes y el nuevo concejal de Participación Ciudadana).

ausenciasEstuvieron en la misa los concejales de UPN, dos de Geroa Bai, Iñaki Cabasés y Javier Leoz, y los tres del PSN, Maite Esporrín, Eduardo Vall y Patricia Fanlo, que durante la ceremonia tuvo que atender a una mujer que había sufrido una lipotimia. Como en años anteriores, los 3 concejales de Aranzadi -Armando Cuenca, Laura Berro y Manuel Millera- y la de I-E, Edurne Eguino, no acudieron a la procesión.

Nativos y visitantes tuvieron la oportunidad de expresar libremente sus ideas. No hubo problemas ni altercados de ninguna clase, pese a que las personas que lanzaban gritos a favor o en contra de unos o de otros se encontraban muy cerca entre sí, con chapas con la bandera española o camisetas contra los montajes policiales. Los agentes de la Policía Municipal que han estado muchos años destinados en este evento lo tenían ayer muy claro: hacía años que no vivían una procesión tan tranquila y respetuosa. Todos lo agradecieron.

el apunte

Gritos a asiron del senador de I-E

Calle Mayor. Tras unos días complicados en el gobierno municipal, con una remodelación de las áreas 48 horas antes del inicio de las fiestas, la imagen del senador de I-E y concejal de Berriozar Iñaki Bernal lanzando ayer gritos al alcalde Joseba Asiron desde el balcón de la sede de la formación en la calle Mayor resulta hasta cierto punto entendible. Demuestra también que la decisión de destituir de sus funciones a los tres concejales delegados de Aranzadi y a la de I-E sigue estando demasiado cercana y que será necesario un periodo de reflexión para conseguir que la inercia de las formaciones del cambio se mantenga durante el año que queda de legislatura. Aunque los ediles cesados han demostrado en estas últimas horas su disposición a buscar nuevas fórmulas tomando como base el acuerdo programático, Iñaki Bernal dejó ayer claro no le ha gustado nada la decisión del equipo de Gobierno de Pamplona.