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Carmen París cantante y compositora

“Todas las pirámides de Egipto llevan una jota dentro”

Después de llevar la jota por todo el mundo, la aragonesa subirá hoy al escenario de la plaza de la Compañía con su piano en un concierto que promete emocionar (23.45 h)

Amaia Rodríguez Oroz Guillermo Barberá - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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pamplona- ¿Qué va a ofrecer al público en este concierto?

-Voy a hacer un repaso, como hace tantos años que no me llaman (ríe)... Haré un recorrido por los cuatro discos en solitario que he sacado hasta el momento, recordaré los temas más emblemáticos y tocaré alguna de las versiones más sonadas que he hecho.

Entonces, sobre el escenario se verá esa evolución que ha experimentado su música, que, ¿podríamos decir que está asociada a una cierta madurez musical?

-Va vinculada una madurez personal con la musical. Ya me he hecho una señora y soy más prudente, no soy tan impetuosa como he sido siempre... Digamos que proceso más las cosas, las reflexiono en vez de ir a borbotones. Pero, bueno, la Carmen París rebelde y revolucionaria no ha quedado de lado, sino que la he modelado. Mi rebeldía y mi inconformismo no han muerto, siguen ahí solo que mejor canalizados.

Imagino que, como es habitual en sus conciertos, le veremos acompañada de su piano.

-Con lo que más me he movido estos años, sobre todo desde que llegó la crisis, ha sido con el piano únicamente. Saber valerme por mí misma digamos que me ha salvado la vida. Hay mucha gente que no sabía que yo soy música, se pensaban que solo era cantante, cuando también soy creadora y música. Somos muy pocas, y por eso lo reivindico. El otro día, por ejemplo, estuve en la asamblea de la SGAE y constaté que las mujeres en esta entidad solo representamos el 16% del total. Es una cosa que siempre me planteo cuando hablamos de paridad en la junta directiva. Cómo va a haber paridad si no somos paritarias. Es algo que no está resuelto en el mundo de la música. Sí hay mujeres, pero sobre todo en la música clásica. En contemporánea, hay muy pocas. No es que no haya igualdad porque no se quiera, sino porque no la hay, y eso no es problema de que seamos machistas ni nada por el estilo. Es una realidad.

Salir al escenario usted sola con su piano, ¿sigue funcionando en un tiempo en el que todo es espectáculo puro y duro?

-Precisamente por eso funciona. La gente está muy acostumbrada a que los espectáculos sean eso, espectáculos. Ahora, en el mundo de la música, se prima la imagen sobre el sonido. La gente está acostumbrada a ver espectáculos de luces, bailes, flashes... Por eso yo propongo un espectáculo de música desvestida, con una sola persona y un instrumento, sin más aderezo. Que se echa de menos ante tanta pirotecnia visual. Y funciona muy bien en distancias cortas. En aforos limitados, que son los que me gustan a mí, porque es cuando realmente puedes llegar a tocarle la fibra al espectador. En este formato, al menos. Se crea una energía especial, familiar.

¿Podría definirse su música como una mezcla de tradición e innovación al mismo tiempo?

-Así es, y me encanta esa definición. Yo siempre me he rebelado ante esa manía de seleccionar tradición o innovación. ¿Por qué no pueden convivir las dos cosas? Funcionan y muy bien, y eso es lo que quiero mostrar y lo que llega a la gente. Hago algo contemporáneo pero sin perder la esencia de la tradición.

No hay más que escuchar alguna de sus piezas, donde mezcla la jota con el jazz o el rock.

-Hay estilos que pueden ir muy bien de la mano. Mezclar la jota con músicas hispanoamericanas es algo natural, porque ya la jota está en estas músicas. El reto ha sido mi último disco,Ejazz con Jota, que lo grabé en el Berklee Collage of Music de Boston, donde conseguí que los profesores de la universidad más prestigiosa de jazz tocasen jotas, que no sabían ni lo que eran. Yo me crié al lado de la base americana de Garrapinillos, y allí veía a los niños americanos, de los que yo aprendí mucho y los cuales, en cambio, regresaron a América sin saber una pizca de nuestra cultura. Por eso, para mí el hecho de ir a Boston y hacer a los profesores de Berklee tocar jotas ha sido una hazaña y, en cierta manera, la manera de quitarme esa espinita que tenía clavada. Pero también ha sido un homenaje a mi padre.

¿La jota es más universal desde que usted la reinterpreta o ya lo era desde un inicio?

-Ya lo era, lo que yo hago es recordárselo a la gente y ponerlo de manifiesto. Estamos en un mundo de política y de tonterías, y en este mundo, aunque no se pueda decir, la jota es el único género musical que une toda la Península Ibérica, y esto es una realidad cultural y una verdad como un templo. Hay jotas por toda la Ribera del Ebro, desde Reinosa hasta el Delta. Si algo une a estas gentes es la jota.

De hecho, la música logra aunar diferentes culturas, algo que parece muy complicado desde el punto de vista político o social.

-A mí me resulta facilísimo. En mis discos me imagino cómo sería una jota africana, o una jota en los Andes. Y ahora estoy descubriendo las jotas que hay por el mundo y cómo hay otros géneros que, aunque no se denominan así, vienen también de la jota. Por lo tanto, no me invento nada cuando hablo de las jotas de los Andes. Lo que pretendo es poner de manifiesto algo que estaba ahí y no se veía. Así empecé mi carrera discográfica, con un fin que creo que por fin he alcanzado. Tenemos una visión negativa de nuestra cultura y nuestra historia, y la jota, por mucho que me pese, entra en este paquete tradicional.

Ha llevado la jota por diversos lugares del mundo, ¿cuál es el sitio más emotivo donde ha cantado?

-Me cuesta decir un solo lugar, porque he cantado en sitios muy pintorescos. Por ejemplo, en las pirámides de Egipto. Todas las pirámides llevan una jota dentro. He visitado todas, y en todas he cantado. Los monumentos de Egipto vibran con jotas. Pero también he cantado en uno de los barcos que atracaron en Alicante para salir hacia Gaza y romper su bloqueo. Antes de que partieran, me subí al barco y canté una jota para desearles buena suerte. Fue muy emocionante.

¿Y cómo se quedan en el extranjero cuando oyen este género musical?

-Lloran. Es alucinante el poder de la jota. Te voy a contar una anécdota: en el año 2007 viajé a La Habana y quería hacer un proyecto para la Expo de 2018 en el que pretendía contar con 13 abuelas indígenas que se reúnen en Dacota del Sur, a las que quería traer hasta Zaragoza. Quise convencerles del proyecto y, antes de explicarles el proyecto, me puse los brazos en la cintura y canté una jota. Cuando terminé, el silencio era absoluto y todas las abuelas estaban llorando. La gente llora con la jota aunque no la hayan oído en su vida, porque es una música de raíz, de la tierra, y aunque no entiendas la letra es algo que llega al corazón. Un hombre, en el lago Titicaca, me dijo una vez: “Yo no sé de dónde viene su música, pero me ha llegado al alma”.