Editorial de diario de noticias

La procesión, ejemplo de normalización

La distensión y el respeto a la pluralidad empiezan a afianzarse en la ciudad, lejos de los presagios que hace tres años hicieron algunos partidos sobre enfrentamientos ciudadanos con una alcaldía nacionalista

Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

la tradicional procesión de San Fermín se convierte año a año en una prueba-escaparate para medir la popularidad de los representantes municipales en esa suerte de paseíllo torero que protagonizan los concejales en el día grande. Muy emocionante, con muchísima devoción al santo y sin estridencias políticas. Así fue y así es esta ciudad en sus diferentes sensibilidades y generaciones. Unos, durmiendo la resaca, y otros entregados a los momenticos, cánticos, jotas entre cofradías y hermandades más elementos musicales que homenajean al santo morenico. Puede que muchos no se quedaran a la misa ni escucharan la arenga del párroco sobre la virtud de la fortaleza del santo patrón. No importa. La procesión, al igual que los encierros y el chupinazo, supera cualquier tipo de diferencia religiosa o política. Los diáblos del cambio, por hablar del cuatripartito, no se han cargado las tradiciones ni son unos rojos ácratas que arrasan con todos los símbolos. De hecho muchos de ellos se engalanan junto a ediles de oposición para honrar al patrón y mantener la tradición e incluso muchos de ellos van a misa, creyentes o no. Pero lo más importante es que la ciudad da la cara a sus representantes con un respeto e incluso aprecio que muchas veces no demuestran determinados partidos políticos dentro del Ayuntamiento. Normalidad, muchos aplausos, y algún insulto y silbidos en la calle Mayor aprovechando la interpretación de Los Amigos del Arte. Así fue la procesión de ayer contada por diferentes voces. A Asiron también le cayó el previsible chaparrón (allí estaban apostadas las cámaras mediáticas) desde el balcón de I-E días después de destituir a esta formación de sus funciones en el gobierno municipal. Por cierto, como en años anteriores los tres ediles de Aranzadi (que pidieron que la procesión pasara a llamarse Desfile del Día Grande y pedían que los concejales vistieran de calle) e I-E no acudieron a la procesión en su apuesta por desacralizar actos festivo-religiosos, además de dos ediles de EH Bildu.

El tradicional chorreo en la calle Curia a los regionalistas se está convirtiendo a su vez en una mala costumbre aunque las medidas de seguridad impiden un mayor acercamiento de los intolerantes. La distensión empieza a afianzarse. Muy lejos de los presagios de hace tres años sobre una legislatura cargada de tensiones y enfrentamientos ciudadanos con el primer alcalde nacionalista de la historia democrática.

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