El caso Altsasu y el arbitraje

Por Cruz Mari Martínez Larrea - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

amí me parece que los y las jueces tienen el deber de impartir justicia, resolver conflictos y no magnificarlos, sancionar conductas reprobables y potestad para emitir sentencias que tengan una intención correctora y rehabilitadora. Todo ello con equidad y proporcionalidad. Cuando la justicia no es proporcional, se convierte en injusticia y provoca impotencia y sufrimiento a quienes la padecen y estos pasan a ser de inmediato víctimas de esa justicia injusta.

Decía Sócrates que “a un juez o jueza corresponden cuatro características: escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente”.

A los jueces y juezas se les presupone, porque así debe ser, la independencia judicial, la imparcialidad, la neutralidad, la ecuanimidad, la honestidad y el ser emocionalmente insobornables. Deben aplicar la ley sin excesos y en sus justos términos, evitando cualquier sospecha partidista, tendenciosa o vengativa.

He querido hacer estas consideraciones previas para dejar clara mi convicción de que el caso Altsasu se ha llevado a cabo sin las necesarias y perceptivas garantías procesales que corresponden a un Estado de Derecho.

Un proceso judicial arbitrado por jueces y juezas caseros que distan mucho de haber sido neutrales, y seguramente, muy mediatizados por presiones políticas y partidistas con objetivos bastante perversos y que poco a poco se van vislumbrando con mayor claridad.

Soy un alsasuarra apartidista, humanista, docente, músico y antropólogo. Vivo aquí y creo que conozco muy bien a mi pueblo y a sus gentes. Alsasua es un pueblo plural y diverso, donde convivimos en buen grado de armonía, gentes con sensibilidades y maneras distintas de ver la vida. Un pueblo muy hospitalario y con un mestizaje de gentes cada vez mayor. Un pueblo como otros muchos… con sus luces y con sus sombras pero nunca merecedor de las críticas y valoraciones malintencionadas que desde muchos medios se nos han hecho. Eso no lo admito. Vivimos una situación de inactividad y precariedad laboral bastante preocupante. Disfrutamos de una buena y variada actividad cultural y somos muy amantes de nuestras costumbres y tradiciones.

Quiero dejar absolutamente claro mi posicionamiento por la paz. Mi condena a todo tipo de violencia. Mi opinión de que estos hechos nunca debieron de haberse dado. Que siento lo ocurrido y que yo tampoco pido impunidad. Pero dicho esto, también debo decir que este proceso no ha cumplido para nada, la máxima de que “la justicia es igual para todos”. Lo he seguido de cerca y he evidenciado que ha estado lleno de irregularidades y de excepcionalidades. Creo que en esta ocasión, nuestro código postal ha sido determinante… pero para mal. Un proceso deslocalizado de la Audiencia Provincial de Navarra que es donde se debería haber llevado a cabo. Incomprensible inhibición de nuestra jueza navarra y su traslado a la Audiencia Nacional con todo lo que ello significa en cuanto a la dureza de las penas y sentencias. Y todo ello, por querer presuponer hechos tipificados como terroristas. Un invento inverosímil e inexistente desde el minuto uno, y así lo ha reconocido la propia sentencia de la Audiencia Nacional, Amnistía Internacional, personas relevantes del mundo de la judicatura, políticos, pensadores..., y un sinfín de organismos y organizaciones locales, provinciales, nacionales e internacionales.

“Quien la justicia reparte no puede ser juez y parte” (anónimo).

Y ahora analicemos el juicio celebrado. La presidenta que ha formado parte del tribunal ha sido la señora Epejel, esposa de un coronel de la propia Guardia Civil y condecorada por la misma. Recordemos que una de las partes del proceso y de los informes que relatan los hechos ocurridos estaba elaborada y ratificada por la propia Guardia Civil. ¿Dónde está la neutralidad y la imparcialidad? ¿Se imaginan ustedes que el árbitro del partido del Mundial del otro día entre España y Rusia hubiera sido ruso? ¿O español? Impensable ¿no? Inadmisible ¿verdad? Y si así hubiera sucedido, estoy seguro que se hubiera reclamado y admitido un árbitro imparcial, que no tuviera pertenencia o vinculación alguna ni con Rusia ni con España.

¿Y la presunción de inocencia…? ¿Y las ruedas de identificación y reconocimiento preparadas y preelaboradas de antemano? ¿Y la no admisión a trámite de numerosas pruebas y testigos de la defensa? desestimados la mayoría sin valoración ni argumentación alguna. ¿Se imaginan a ese propio árbitro del Mundial que al tener que sancionar una falta hiciera siempre caso omiso al arbitraje de uno de los linieres? ¿O que escuchara solamente a uno de los capitanes cuando protestan por algo…?

¿Y las sentencias? ¿De 2, 9, 10, 12 y 13 años buscando el máximo castigo posible con el claro propósito de ocasionar dolor y venganza? ¿Se imaginan a ese mismo árbitro, que en vez de sacar a un jugador tarjeta amarilla o roja, decidiera expulsarlo del estadio e inhabilitarle para jugar al fútbol durante varios años, o de por vida…, por hechos que no son para nada merecedores de ello?

Les podría poner más ejemplos con referencia al arbitraje de este Mundial, a la imparcialidad y a la equidad, pero creo que ya me han entendido. Poco más que añadir. Y mientras tanto, siete jóvenes alsasuarras están en la cárcel, a 400 km de su pueblo, sin tener todavía sentencia firme, sin ningún riesgo de fuga, con penas totalmente desmesuradas, y sin que todavía nada cambie y nada se corrija. De momento roguemos a San Fermín. A ver si nos echa un capotazo. Ellos, sus familias y yo mismo se lo agradeceremos. Estoy seguro de que San Fermín que todo lo ve… nos entenderá, nos ayudará y lo resolverá. ¡Riau! ¡Riau!