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Escenarios | La entrevista Babeth Ripoll actriz de la cubana

“La Cubana apuesta por echarles humor a los teatrillos cotidianos en los que todos participamos”

La actriz catalana da vida a siete personajes en ‘Adiós Arturo’, la loca comedia de La Cubana que celebra la vida con una gran fiesta todos los días hasta el 14 en el Gayarre

Ana Oliveira Lizarribar Unai Beroiz - Lunes, 9 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

La actriz, con Ernesto, el alma de la obra.

La actriz, con Ernesto, el alma de la obra.

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La actriz, con Ernesto, el alma de la obra.

pamplona- Han tenido la ocasión de actuar unos días antes de las fiestas y ahora ya están totalmente sumergidos en ellas, ¿qué sensación tiene de estas dos Pamplonas?

-Esta es la segunda vez que vengo en San Fermín con La Cubana y me parece haber visto dos ciudades distintas. Una Pamplona muy cosmopolita, tranquila, tipo Barcelona, pero que, de pronto, se transforma. Se tiñe de blanco y rojo, hay muchísima gente por todas partes, mucha alegría, mucho de todo. Toda la calma que se respira antes se convierte en una especie de vorágine festiva en la que yo también participo a ratitos, porque confieso que hay momentos de demasiado jaleo para mí.

¿La ciudad, como La Cubana, hace una gran obra de teatro durante estos días?

-Sí, sí. En La Cubana siempre hablamos de lo mismo, nos repetimos como loros, nunca mejor dicho en esta ocasión. Hablamos del teatro que hacemos en la vida cotidiana. Una cena de empresa, una comida de Navidad, incluso ir al mercado se convierte en un teatro: cómo interactúas con el vendedor, cómo pides la tanda... Hay como un guión oculto, establecido... Y Sanfermines es un poco eso también, pero a lo grande. Nueve días, madre mía, es como una boda gitana (ríe).

¿Hacer teatro es bueno o es malo o simplemente es lo que somos?

-Ni es bueno ni es malo, simplemente es. Lo único que hace La Cubana es poner un espejo y reflejarlo. No sé si lo hacemos como método de supervivencia, pero todo el mundo hace teatro. Por ejemplo, en una boda todos sabemos qué papel nos toca. Si eres la hermana del novio o de la novia, es uno;si eres la madrina, tienes otro;si eres invitado, pero estás soltero, ya sabes que igual ligas y todo (ríe). Y no creo que esto sea malo, todos participamos. Nosotros recogemos esto de la calle, lo subimos al escenario, ponemos el foco ahí e intentamos reírnos, pero nunca de la gente, sino con la gente. Hay que echarles humor a estos teatrillos cotidianos que hacemos todos.

¡Qué falta nos hace aprender a reírnos de nosotros mismos!

-Totalmente. Es verdad que en nuestras vidas todo va muy deprisa y a veces nos pasan cosas desagradables, de ahí que nos cueste reír. Pero una de las cosas que me parecen más bonitas de trabajar en La Cubana es recibir el feedbackdel público. Que digan ‘ay, qué bien’;que sean capaces de dejar los pequeños o grandes problemas atrás durante dos horas es genial. La gente nos dice que somos como terapéuticos y a nosotros todo lo que sea hacer terapia de la risa nos parece estupendo. Quizá si fuera de la sala todos hiciéramos como dentro, es decir, si en general nos riéramos más, nos iría mucho mejor. A veces es importante es relativizar las cosas;al fin y al cabo, como aquí estamos lo que estamos, pues que nos pille bailando.

Aquí en los últimos tiempos hay una serie de elementos que nos han intentado amargar la vida y las fiestas. Como respuesta, hay quien defendía que había que boicotear la fiesta...

-Sé a los problemas que se refiere y creo que tiene que ser muy duro vivirlos siendo pamplonicas. Todas las mujeres nos hemos enfadado mucho con lo sucedido, pero no sé si boicotear la fiesta sería la solución. Hay que tener en cuenta que la cultura de la violencia contra la mujer es una cuestión ancestral y está tan arraigada en nuestras sociedades... Se empieza por el menosprecio, por la diferencia... Se nos educa de manera distinta y a partir de ahí todo va creciendo. Quizá la solución sea la contraria, exacerbar la fiesta, sanearla. Yo no estoy por el boicot, desde Barcelona es fácil hablar, aunque, no creas, también tenemos un buen lío allí montado... (ríe) La ciudadanía está muy fuerte, muy posicionada y dispuesta a sacar los tumores que no tienen nada que ver con la fiesta y eso es estupendo.

Con la fiesta tiene que ver Adiós Arturo, una celebración de la vida incluso cuando esta se acaba.

-Eso es. Adiós Arturo es un canto a la vida. Celebramos la vida de este ilustre pamplonica e invitamos a la gente a no arrepentirse de nada, ni de lo hecho ni de lo no hecho;más bien se trata de intentar hacerlo todo y de no arrepentirse de nada.

¿Qué vemos sobre el escenarios, aparte de coronas funerarias?

-Arturo era toda una personalidad. Si tú estás metida en el mundo de la comunicación, seguro que lo conocías... Ha sido director, actor, fotógrafo, coleccionista de arte... Ha muerto con 101 años y, como antes de ese momento había dejado escrito que quería una celebración determinada, su fundación nos contrató porque consideró que La Cubana era la más apropiada para cumplir su última voluntad. No en vano ya hemos hecho bautizos, convenciones, eventos... De todo. Y como en este momento estábamos en paro, pues no venía muy bien.

¿Y qué pinta un loro en todo esto?

-No es un loro cualquiera, es Ernesto. Ha sido el compañero de vida de Arturo en los últimos 40 años y es una figura muy importante. Casi diría que es el protagonista de la historia, como la viuda, pero como plumas (ríe).

¿Cómo definiría el humor de La Cubana?

-Pues creo que es muy popular, muy campechano, muy básico.

Pero para que suene así de llano habrá que trabajarlo mucho.

-Claro, y eso exige mucho trabajo de dirección. Jordi (Milán) insiste en que no es tan importante lo que decimos, sino cómo lo decimos. El trabajo de La Cubana empieza con la creación de los personajes. Montse, una compañera, lo explica muy bien cuando dice que llega un momento en que el personaje camina solo. En ese momento se le da el guión y, como ya tiene entidad, si ve que hay alguna frase que no le encaja, se cambia. En realidad, lo que más importa es cómo dicen las cosas los personajes que van a jugar el partido sobre el escenario.

Babeth lleva ya un tiempo con la compañía.

-Llevo ya ocho años, sí. Y he trabajado en cuatro espectáculos. El primero no salió;el segundo fue Campanadas de boda, con el que estuvimos aquí en Sanfermines;Gente bien, con el que estuvimos solo en Barcelona, y Adiós Arturo.

Donde da vida a unos cuantos personajes.

-Como casi todos los compañeros. Esta es una de las cosas más bonitas que te pueden pasar como actriz. Con La Cubana te metes en diferentes pieles, y no siempre de tu edad ni de tu género. En esta obra tengo siete cambios, así que estoy tranquila. Pero mis compañeros van como locos (ríe).

¿Cómo invita a la gente que está de fiesta a que entre en el teatro?

-Les digo que vengan a seguir con la fiesta. Esto es un canto a la vida, que es un tren que va muy deprisa al que merece la pena subirse y disfrutarlo a tope. En La Cubana trabajamos para y por los espectadores, que acaban siendo guionistas, actores y de todo.

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