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La lluvia no se va de Iruña ni por las astas de Escolar

El segundo encierro estuvo marcado por la intensa precipitación que cayó

La ganadería abulense protagonizó una carrera limpia y sin contratiempos después de que en los tres pasados años alguno de los toros se volviera a corrales

Fotografías Vicente Larumbe, Joxerra Larrañaga, Iban Aguinaga, Santiago Torrado, Ángel Gómez, Emilio Zazu, Oskar Montero, Iñaki Porto, Juan Antonio Garaikoetxea, Unai Beroiz, Patxi Cascante, Eduardo Sanz, Pablo Roa, Oriol Maza, Javier Bergasa, Juan Puerta, Dani Olóriz Kepa García - Lunes, 9 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los dobladores tiran de ‘Sentido 1’ hacia chiqueros en un coso encharcado.

Los dobladores tiran de ‘Sentido 1’ hacia chiqueros en un coso encharcado.

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Los dobladores tiran de ‘Sentido 1’ hacia chiqueros en un coso encharcado.

pamplona- El 8 de julio de hace 40 años, los grises también entraron en la Plaza de Toros de Pamplona. Armados y con un plan muy detallado, arrasaron las fiestas de la ciudad para dar un escarmiento a sus pobladores, como ha quedado acreditado en el reciente informe de la Comisión de la Verdad. Lo lograron, pero les salió caro: los grises nunca se recuperarían ante los ojos y corazones de los pamploneses por lo que hicieron ese día. De ahí que, pese al tiempo transcurrido, cada vez que algo con ese color surca el callejón un helador escalofrío regrese al escenario donde comenzó todo aquel fatídico SF’78, aunque sólo sea un encierro.

Los grises que ayer accedieron al ruedo fueron otra cosa. Nobles de principio a fin, los toros de José Escolar protagonizaron la segunda carrera sanferminera, que no dejó heridos de consideración en sus 2 minutos y 56 segundos de duración.

El encierro estuvo marcado por la incesante lluvia -los veteranos comentaron que hacía muchos años que no lo hacía con tanta intensidad durante la carrera- y por las incertidumbres derivadas del comportamiento de la ganadería abulense en sus tres anteriores visitas a Pamplona, donde siempre hubo algún ejemplar que en plena subida a Santo Domingo decidió regresar por donde había venido.

No hubo cuarta vez. Los 6 morlacos cumplieron ayer con el guión establecido, pese a las dudas iniciales que se generaron tras el lanzamiento del cohete, lo que por un momento recordó episodios anteriores. Quince interminables segundos les costó a la manada abandonar su refugio desde que se abrió la puerta de los corrales y tuvo que ser uno de los toros el que tomara la iniciativa ante el pasotismo inicial de los cabestros, que ni con la presencia de los pastores dentro del corral estaban por la labor de salir de ahí.

Tras unos primeros metros titubeantes y jarreando sin parar, los cabestros por fin asumieron su papel. Comenzaron a tirar de la manada, con cinco de los seis ejemplares cerrando el grupo, sin forzar la carrera con un firme empapado y con charcos.

Ya se pudo comprobar desde el primer contacto con los corredores que los toros de José Escolar no iban a añadir más dificultades a las que ya presentaba la carrera. Ajenos por completo a lo que sucedía a su alrededor, sin dar un solo derrote en todo el trayecto, la manada marchó agrupada hasta el inicio de la plaza Consistorial, donde uno de los morlacos, de nombre Sentido 1, perdió los cuadros traseros y quedó rezagado para el resto de la carrera.

Por el mal tiempo o por tratarse de fin de semana o por los antecedentes de la ganadería (8 corneados en 3 participaciones) o por todo a la vez, lo cierto es que no hubo excesivos corredores, poco acostumbrados a un encierro en estas condiciones. Tampoco ayudó que la manada marchara tan unida, con un ritmo sostenido que permitió a toros y cabestros tomar la curva de Mercaderes a la perfección y a todo trapo, pero que dificultó sobre manera el acceso de los corredores a los espacios donde solo se manejan los más expertos. Pocos pudieron acercarse cerca de las astas y los que lo hicieron tuvieron poco tiempo para disfrutar ante tantas caídas.

La manada atravesó la calle Estafeta más o menos estirada, aunque siempre por el centro de la calzada y sin perder velocidad. Tras pasar por el tramo de Telefónica, los toros accedieron al ruedo convertido en una playa encharcada. El único problema vino del toro rezagado, que obligó a los dobladores a esforzarse para conducirlo dentro, ya que amenazó con darse la vuelta en el coso y posteriormente resbaló, antes de acceder a chiqueros.

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