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La plaza no olvida 40 años después

las peñas rindieron homenaje a germán rodríguez en una corrida que discurrió en un ambiente de fiesta y de memoria

Un reportaje de Unai Yoldi Hualde. Fotografía Iñaki Porto - Lunes, 9 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Germán en el recuerdo en la Plaza de Toros.

Germán en el recuerdo en la Plaza de Toros. (IÑAKI PORTO)

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Germán en el recuerdo en la Plaza de Toros.

8de julio de 1978. Acaba de terminar la segunda corrida de toros de las fiestas de San Fermín y, como es habitual, los mozos y mozas de las peñas bajaron al coso taurino para emprender la kalejira hasta sus sedes. En ese momento, entraron los grises: “Dad la vuelta a la plaza, preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías, lo más fuerte que podáis. No os importe matar”. Y no les importó.

Ayer, 40 años después de aquel trágico día en el que acabaron con la vida del joven Germán Rodríguez, la plaza de toros de Pamplona nada tuvo que ver con la de entonces. La de ayer fue una tarde en la que reinó el buen ambiente y las ganas de seguir disfrutando de las fiestas. Sin embargo, entre los mozos y mozas de las peñas se podía palpar que el 8 de julio no es un día más. Y menos ayer, cuando se cumplió el 40º aniversario de la muerte de Germán, por el que las peñas, junto a Sanfermines 78 Gogoan, dedicaron un emotivo homenaje al joven pamplonés.

Minutos antes del comienzo de la corrida, dos dantzaris interpretaron un aurresku ante una gran pancarta con el rostro de Germán y de Joseba Barandiarán, muerto durante las manifestaciones que tuvieron lugar en Donostia en protesta por lo ocurrido en Pamplona, a quien también dedicaron el homenaje desde una zona de sol completamente abarrotada.

Joseba eta Germán, beti gogoan, se podía leer en otra pancarta que después colgaron de una de las andanadas del coso. Y es que la plaza se niega a olvidar el horror que albergó, y el silencio que hubo durante el primer toro y a la salida de la plaza hizo que la atmósfera festiva diese paso a un ambiente algo más tenso. Gritos de Herriak ez du barkatuko, palos recogidos y ni una nota musical. Los mozos abandonaron el coso taurino bajo una extraña sensación y, en sus mentes, muchos intentaron hacerse a la idea de qué fue todo lo que se vivió ahí, en ese mismo lugar, no hace tanto tiempo.

También hubo silencio durante la lidia del primer toro de José Escolar, tan solo interrumpido por una pitada que se llevó el diestro Javier Castaño, después de que diese muerte al morlaco al cuarto intento. Una vez rematada la faena, la plaza volvió a su estado natural y la zona de sol hizo retumbar a La Monumental al son de Sigo siendo el rey, porque ayer la reivindicación y la fiesta convivieron en perfecta armonía. A ello también contribuyó el tiempo, que a la mañana obligó a suspender el concurso de recortadores, pero que por la tarde lució un espléndido sol que dio sentido a la zona que lleva su nombre.

Allí, los mozos y mozas combatían el calor como buenamente podían. Los abanicos estaban muy cotizados y, a falta de ellos, buenas eran las almohadillas para generar un poco de aire. Para protegerse de Lorenzo hubo quienes apostaron por el clásico gorro y quienes tiraron de imaginación con paraguas incrustados en la cabeza. Y en caso de no tener nada siempre viene bien tirarse por encima lo que sobra del zurracapote. Cualquier cosa valió para evitar un golpe de calor, en una tarde en la que la fiesta y la memoria fueron de la mano.

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