El destino de una copia

Por Julio Urdin Elizaga - Lunes, 9 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

antes que nada, debiera quedar muy clara la propia identidad de este Monumento a los Caídos, no pudiendo ser otra que la de erigirse como una enorme copia. Toda la operación ideada desde nuestros centros de poder actuales, con la convocatoria del concurso internacional, consiste en la búsqueda de una forma de hacer cómo aparentar un cambio del mismo para que sea otra cosa muy distinta de lo que en origen fuera. Pero ya el origen mismo viene viciado por una anacrónica fallida pretensión en la que se pretende unir en un mismo diseño las funciones de iglesia y mausoleo para el que fuera ideado fusionando la pretendida atemporalidad tipológica del “mausoleo tardo-antiguo con el prototipo del Santo Sepulcro” que en la opinión del historiador del arte Richard Krautheimer diera origen al programa copista medieval en buena parte de sus manifestaciones arquitectónicas, así como posteriormente en otras de carácter revivalista, estando fundamentadas las últimas, para Giulio Carlo Argan, en una actitud hacia el pasado íntimamente engarzada con el pensamiento histórico. Entre ambos extremos, no obstante, se da un claro distanciamiento apreciado por el primero de la siguiente manera:

“La diferencia entre tal actitud hacia la arquitectura y un enfoque moderno es obvia. Desde los comienzos del cristianismo y durante toda la Edad Media, las descripciones, representaciones o copias arquitectónicas no son más que una vilis figuratio, limitada a un número escogido de elementos destacados;su selección está determinada, al igual que la subordinación de su aspecto visual, por el orden jerárquico de su importancia religiosa. Esta actitud parece cambiar gradualmente en el siglo XIII. Desde entonces (y es evidente la asociación con los métodos analíticos empleados en las ciencias naturales), las copias, representaciones y descripciones se esfuerzan cada vez más en ofrecer una reproducción del original en sus aspectos visibles. A partir del siglo XV, este proceso se vuelve bastante obvio: aunque la escala y el material pueden variar en una copia del original, elaborando o limitando ciertos detalles, la relación entre los elementos constitutivos y su proporción correlativa permanece esencialmente inalterada. A su vez, sin embargo, parece comenzar un proceso gradual de vaciado del “contenido” de un edificio. En cualquier caso, no se trata de un desarrollo continuo, viéndose constantemente interrumpido por contra-movimientos, pero se hace cada vez más fuerte y alcanza su punto álgido a fines del siglo XIX y principios del XX. Llegado ese momento, los patrones arquitectónicos se emplean independientemente de su significado original: un templo griego para una aduana (la aduana de Nueva York, ahora Cámara de Transacciones), una catedral gótica para un edificio de oficinas (el edificio Woolworth en Nueva York), unas termas para una estación de ferrocarril (el vestíbulo principal de la estación de Pensilvania, en Nueva York). La copia moderna, con toda su exactitud en la reproducción del edificio completo y con su esfuerzo por alcanzar la fidelidad absoluta, omite definitivamente los elementos relevantes para la Edad Media: el contenido y el sentido del edificio”.

En el sentido de copia moderna, se propone la conversión del monumento en museo. Pocos parecen conocer que esto no fuera nada nuevo, puesto que en la propia memoria proyectual es recogido de igual manera. Así es trasladado por Francisco Zubiaur:

Se quiere hacer un gasto constructivo de varios miles de millones de euros en una línea que ni de lejos tendría un mínimo suficiente de usuarios

“Se compone el proyecto que acompañamos, de una gran Iglesia Votiva, Iglesia Panteón, con galerías laterales que la unen y enlazan con dos cuerpos de edificios extremos, que se piensa destinarlos a museos de guerra”.

El mencionado autor nos da una plausible explicación en la que desde la voluntad de los autores del proyecto, los arquitectos Yarnoz y Eusa, era contemplada la presencia de la otra parte contendiente, aunque la realidad constata que no se diera ningún paso en esta dirección, terminando en ambos extremos del conjunto por ser erigidas la actual parroquia de Cristo Rey y correspondiente casa parroquial. Es decir, siendo entregado en su totalidad a la gestión eclesiástica del conjunto patrimonial y de esta manera excluyendo la presencia de cualquier manifestación que ni remotamente tuviera que ver con posturas afines a la laicidad en un mundo que anterior y posteriormente al conflicto caminaba hacia una progresiva secularización.

Así esta visión museística asociada a la gestión de una memoria histórica de los acontecimientos acaecidos, y que hubiera facilitado la adecuación del conjunto monumental al consenso sobre el relato de los mismos desde una visión crítica, fue rechazada de partida corriendo el riesgo de ser retomada como un nuevo retorno al espíritu que le diera origen en la que ya era contemplada. Y de esta forma, fuera de toda banalidad, pudiendo aplicársele el conocido dicho de que aunque “la mona se vista de seda mona se queda”, puesto que tal y como lo viera la sabiduría medievalista, “la parte de un todo no tiene ser sino el ser del todo”. En este sentido un mero cambio de contenido no parece ser la opción ni más adecuada ni políticamente acertada.

De partida, por tanto, el desafío al que es sometido este concurso internacional, debido a la falta de determinación política a la hora de consensuar cuál ha de ser el futuro del conjunto monumental es, ante y sobre todo, el cómo contemplar la gestión de eso que se ha dado en denominar memoria histórica. Y, francamente, no veo la forma de hacerlo -aunque si bien en modo alguno me corresponda - ni como copia antigua, abocándolo a un uso ritual, bien sea religioso o profano, ni como copia moderna, con otro cualquiera, en la doble acepción dada por Richard Krautheimer. De lo que sí viene a constituir síntoma, nuevamente, es de la condición fracturada de una sociedad que utiliza cualquiera de los bienes patrimoniales y culturales, tangibles e intangibles, como distintos escenarios de la confrontación social y de pulso político por el poder.

El autor es escritor

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