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Los ‘cebaditas’ de siempre, un encierro como los de antes

La ganadería gaditana protagonizó la carrera más rápida, con momentos de peligro en Telefónica y Callejón y muchos huecos para los corredores

La manada hizo la mayoría del trayecto fraccionada en varios grupos

Fotografías Vicente Larumbe, Joxerra Larrañaga, Iban Aguinaga, Santiago Torrado, Ángel Gómez, Emilio Zazu, Oskar Montero, Iñaki Porto, Juan Antonio Garaikoetxea, Unai Beroiz, Patxi Cascante, Eduardo Sanz, Pablo Roa, Oriol Maza, Javier Bergasa, Juan Puerta, Dani Olóriz y Eneko Sanz Kepa García - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

‘Punterito’ hace amago de volverse en la entrada al callejón, mientras un corredor trata de conducirlo hacia el ruedo.

‘Punterito’ hace amago de volverse en la entrada al callejón, mientras un corredor trata de conducirlo hacia el ruedo. (DIARIO DE NOTICIAS)

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‘Punterito’ hace amago de volverse en la entrada al callejón, mientras un corredor trata de conducirlo hacia el ruedo.

pamplona- A simple vista no hay nada que los diferencie de otras ganaderías. La víspera descansaban tan tranquilos en los corralillos del gas ante miles de ojos curiosos y ayer se les veía relajados minutos antes de comenzar el encierro, cada uno por su lado, a su aire, como si los tonos diversos que presentan -había cárdenos, negro, castaño y colorados- les llevara a mostrarse indiferentes con sus hermanos de camada. Pero cuando se les deja sueltos y comienzan a correr demuestran que están hechos de la misma pasta, con una misma idea.

El tercer encierro de los Sanfermines fue protagonizado por ejemplares de Cebada Gago, posiblemente el más esperado por los corredores. Treinta años de presencia en Pamplona dan para mucho y pese a la precaución que aconsejan los datos de corneados en sus anteriores participaciones (dos por encierro), los argumentos que ofrece la ganadería de Cebada Gago son demasiado irresistibles para los mozos, al menos para los que disfrutan en los espacios solo reservados a los más valientes. Para que nada faltara, por fin salió el sol, se fueron las nubes y se pudo celebrar la primera carrera con el firme seco, después de la tromba del día anterior y la lluvia previa al encierro del 7. Ya era hora, pensará más de uno ante el nivel de hartazgo que presenta el personal con tanta agua, pero cuando hay que jugarse la vida a unos pocos metros de los cebaditas cualquier ayuda es poca.

Con estos ingredientes, era imposible que no sucediera lo que finalmente ocurrió, un encierro de manual, como los de antes, con una manada disgregada que dio opción a que los corredores pudieran buscarse los huecos en varios tramos. Hasta los cabestros colaboraron después del pasotismo demostrado el día anterior -por lo que se ve, tampoco les gusta la lluvia- y con el portón recién abierto salieron a toda pastilla, con los cebada marcando a izquierda y derecha a modo de aviso.

Desde los primeros metros de la carrera se pudo ver que iban a dar juego, que estaban por la labor de cumplir con lo mucho que siempre se espera de ellos. La torada quedó fraccionada nada más enfilar la cuesta de Santo Domingo, donde hubo más espacios que nunca. Los veteranos ya saben que con determinadas cosas conviene no jugar y apenas se pudieron ver carreras en condiciones dada la velocidad de los toros. A la plaza Consistorial la manada llegó encabezada por cinco cabestros y cuatro morlacos, a unos cuantos metros de distancia del resto. Los problemas comenzaron en Mercaderes. Primero por la caída de un toro cárdeno, Punterito, que desde entonces hizo toda la carrera en la parte trasera antes de que volviera a cobrar protagonismo en el tramo de Telefónica;y después por el morrocotudo golpe que se llevaron dos corredores situados a la derecha del recorrido. Ambos -uno de ellos, un joven norteamericano de Alaska- se cruzaron en la imperturbable trayectoria de un tremendo cabestro, que ni se inmutó cuando se produjo el impacto. Salieron volando como si les hubiera arrollado una locomotora, aunque la peor parte se la llevó el joven originario de las tierras del norte y de los osos polares, que tuvo que ser trasladado al Complejo Hospitalario de Navarra con un traumatismo craneal que no revestía gravedad, según se confirmó posteriormente.

La manada atravesó la calle Estafeta fraccionada en tres grupos muy distanciados entre sí, una delicia para tanto corredor, con huecos y distintas oportunidades de engancharse a los ‘cebaditas’. En este tramo se pudieron ver espléndidas carreras, eso sí, siempre manteniendo las distancias dadas las características de los toros que andaban sueltos. La peligrosidad de la ganadería gaditana quedó demostrada en Telefónica, donde la inoportuna caída de un grupo de corredores provocó que Pesadilla y Punterito perdieran la protección de la manada. A punto estuvieron de volverse en un par de ocasiones, mientras algunos inconscientes trataban de salir de allí sin saber muy bien cómo debían hacerlo. Menos mal que por allí apareció un conocido mozo de pamplona, experto en estas tareas, que a golpe de periódico, como se hacen estas cosas, consiguió conducir al toro cárdeno hasta el ruedo tras 2 minutos y 33 segundos de carrera, la más veloz hasta el momento.

el apunte

Denuncia a un corredor por citar al toro. La Policía Municipal sancionó ayer con 600 euros por falta grave a un corredor irlandés que infringió la ordenanza del encierro, al citar a los toros en la plaza antes de que entraran en los corrales. También se investiga a un corredor que participó en la carrera con una cámara en la cabeza.

Cuota pantalla. El segundo encierro fue seguido este domingo por 1.357.000 espectadores a través de La 1 y Canal 24 Horas, logrando un 71,1% de cuota de pantalla. El del 7 de julio tuvo 1.584.000 espectadores y una cuota de 70,9%.