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Períodico de Diario de Noticias de Navarra
un festival de colores en la plaza

Otra baja más de las tropas internacionales

mientras algún guiri no aguanta más, las peñas tiran de imaginación dejando claro que todavía queda mucha fiesta

Un reportaje de Unai Yoldi Hualde | Fotografía Oskar Montero - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El público, en la Plaza de Toros de Pamplona.

El público, en la Plaza de Toros de Pamplona. (OSKAR MONTERO)

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El público, en la Plaza de Toros de Pamplona.

Dicen que el mundo del toro es lo que más impresiona a los extranjeros de las fiestas de San Fermín. Pero en todos los lugares hay excepciones y ayer la andanada de sombra, que se quedó medio vacía, se convirtió en el lugar idóneo para echar una cabezada. Y un joven leyó la jugada a la perfección. “Que le den a los toros”, habría pensado. Era guiri, no podía no serlo, puesto que ningún pamplonés que se precie iría vestido con unas bermudas negras, una camiseta color beige y calzando unas sandalias. Y sin pañuelo ni nada. Y eso que en San Fermín hasta algún cuenquero es considerado guiri. Pero la verdad es que este tenía la nacionalidad francesa tatuada en la frente.

Lo dicho, el muchacho se puso en la última fila, apoyó la cabeza sobre los brazos y se vendió por completo a Morfeo, de manera muy profunda además. Probablemente el desfase del fin de semana tuvo mucho que ver.

Comenzó la corrida y nada lo despertaba. Ni el pitido de Sol a la concejala de UPN Ana Lezcano, que presidió la lidia, ni los cánticos de los mozos y mozas, ni tampoco la gran ovación que se llevó el gaditano Octavio Chacón, que acabó saliendo de la Monumental por la puerta grande en su primera visita a Pamplona. Él seguía durmiendo imperturbable. Nada le molestaba hasta que una señora lanzó un grito pavoroso después de que Divertido embistiese al de Cádiz cuando entraba a matar. Eso le despertó y no le sentó nada bien a juzgar por su cara de enfado. ¿Cómo podía la plaza fastidiarle tan buen sueño?

La tarde continuaba y el resto de la plaza se animaba por momentos. A las peñas todavía les quedaba cuerda para rato. Aún no se ha llegado el ecuador de las corridas y los mozos y mozas siguen con su espectáculo propio en las gradas de sol. Ayer tocaba animarse con disfraces y atuendos varios. La peña Donibane se vistió de trogloditas, con un garrote en una mano y un vaso en la otra, y tiñó de naranja gran parte de la grada. Los de Oberena, que celebraban el día de la peña, acudieron con sombreros de sifón para hacer honor a su mote de Gaseoseros, y Los de Bronce llenaron las gradas de banderas con su escudo.

El ambiente era inmejorable pero el francés seguía queriendo dormir. Lo hacía a ratos puesto que la plaza se empeño en no dejarle dormir al ritmo de La chica yeyé, Todos los días sale el sol o cualquiera de las habituales canciones que ya se han convertido en himnos del coso. Luis Bolívar y Juan del Álamo, a quienes no vio torear, no molestaron mucho al muchacho, pero cuando Chacón volvió al ruedo para lidiar su segundo toro se le acabó el chollo. El diestro se propuso amargarle el sueño al joven guiri haciendo vibrar a toda la plaza con una faena que le valió la segunda oreja de la tarde. Los aplausos y silbidos despertaron al joven que se dio por vencido y se incorporó. Siguió lo que quedaba de corrida como si el mundo se le viniese encima. Bajó la persiana al cuarto día de fiestas, no lo pudo lograr. Otra vez será.