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Tres décadas curando heridas

Matilde Prieto, una apasionada de la enfermería quirúrgica, llegó a la Enfermería de la Plaza de Toros para una sustitución de última hora en 1987. De ahí no se ha movido, ni siquiera ahora que está jubilada

Mikel Bernués | Javier Bergasa - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Matilde Prieto, junto a una de las camillas de la que llaman la sala del encierro de la Enfermería de la Plaza.

Matilde Prieto, junto a una de las camillas de la que llaman la sala del encierro de la Enfermería de la Plaza.

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Matilde Prieto, junto a una de las camillas de la que llaman la sala del encierro de la Enfermería de la Plaza.Matilde Prieto.

“Aquí no sabes quién va a venir ni cómo. Y abarcar tanto en tan poco tiempo es un reto”

se jubiló el año pasado. Pero de la Enfermería de la Plaza de Toros no se quita. “Mientras el doctor Hidalgo cuente conmigo, yo encantada”, dice con una sonrisa bien grande la enfermera Matilde Prieto, que aterrizó en el lugar en 1987 para una sustitución de última hora y de ahí no se ha movido. “Me pareció una cosa muy distinta, muy de urgencia y muy de Pamplona. Además de que son los Sanfermines, la enfermería quirúrgica es lo que más me gusta. Me apasionan todas las especialidades”.

Prieto hizo carrera en Santander, donde estuvo 40 años en cirugía cardiaca. En vacaciones le daba “vidilla” escapar de su trabajo y participar de la fiesta desde la Plaza de Toros. De nuevo, trabajando. “En tu día a día lo tienes todo estandarizado. Sabes a quién se va a operar, dónde tienes toda la analítica, el preoperatorio... es una rutina. Aquí sin embargo no sabes quién va a venir o cómo. Pueden ser cornadas muy distintas, contusiones, etc... Y abarcar tanto en tan poco tiempo y fuera de tu sitio es un reto”, dice.

En una pequeña visita guiada por el que se convierte en su segundo hogar por San Fermín, Matilde enseña un quirófano grande y otro pequeño, los dos perfectamente equipados con el material que el Complejo Hospitalario cede para estas fechas. La que llaman la sala del encierro -un espacio amplio con tres camillas-, la sala de esterilización, un cuarto para desayunar o ver los encierros, vestuarios y duchas completan la dotación. “Lo que diferencia a esta Enfermería de otras plazas es el encierro. Por eso está súper dotada de instalaciones y personal. Al haber dos quirófanos hay doble equipo de anestesistas, enfermeras y cirujanos de trauma, cirugía general, vascular...”, enumera Prieto. Tres mujeres y un varón completan la nómina en Enfermería. “En los encierros estamos mínimo dos. Y los festivos, que se supone que hay más follón, tres”. En las corridas vespertinas más de lo mismo. “A veces echamos aquí el día”, confiesa sin pena.

mejoras sustancialesDice Matilde, y sabe de lo que habla porque lleva 31 años en esto, que su trabajo “ha cambiado drásticamente, sobre todo por la atención de Cruz Roja. Hace una criba a pie de enfermería y de calle muy importante que a nosotros y los pacientes nos beneficia mucho. Porque para poner una venda o hacer una cura muy rápida no hace falta bloquear el quirófano”, considera.

Nada que ver con lo que sucedía hace 30 años. “Antes de empezar el encierro ya teníamos casi llena la enfermería” dice sobre los heridos de la noche festiva, tanto o más peligrosa que un jandilla. Los niveles etílicos del corredor también se han reducido. “Antes venían todos muy perjudicados de la noche, no sabían ni dónde estaban, si les había dado la vaquilla o el toro... Ahora vienen mucho mejor”. Y explica que los extranjeros “son un mundo aparte. Todos quieren pagar porque no entienden que la atención sea gratuita. A la anterior consejera Marta Vera le dije que teníamos que poner una hucha -bromea-. Y todos se quieren hacer fotos con el cirujano. Les estamos operando y foto, foto... En su país debe de ser un trofeo, como aquí las orejas para los toreros”. Cuenta además que la mayoría de las atenciones no llegan con los toros, sino con las vaquillas de después, con “muchas cosas de trauma, hombros fuera, rodillas, tobillos, luxaciones de muñeca...”, resume.

la “rabia” del toreroCuando los toreros acaban en la enfermería “vienen muy enrabietados porque saben que algo han hecho mal. El toro no ha fallado, han fallado ellos”. Y asegura que absolutamente todos, “sobre todo los jóvenes, quieren volver a salir”. Recuerda a Padilla pidiendo volver al ruedo con “una cornada muy tremenda en el cuello”, o el remiendo improvisado que tuvieron que hacerle a Ferrera, que había cortado una oreja a su primer toro y quería hacer lo mismo con el segundo de su lote. “Y ya después vino a operarse”.

“Los que llevamos muchos años en las enfermerías y un quirófano sabemos que no te puedes poner a llorar, porque entonces ya no eres efectivo. No ves una persona con hijos y tal, ves una pierna machacada que hay que arreglar”, resume sobre su profesión. Y, puestos a destacar algo, apunta al “gran compañerismo y el cariño que nos tenemos todos aquí. Nos conocemos hace muchos años y somos amigos”. Buenos compañeros que, entre festejo y festejo, “vamos al apartado a tomar una cerveza a gusto”.

a bocajarro

¿Cuánto gasta el 6 de julio? Yo qué sé. En el aperitivo 100 euros entre que invitas, botella de champán, etc...

¿Tu momentico? La procesión.

¿Y fuera del programa? Pasear por las calles limpias y sin gente, esa sensación de ciudad que se renueva en cuanto acaban las fiestas.

¿Un remedio para la resaca? Lo de siempre. Tiene que ser preventivo. Algo para el dolor de cabeza, mucho líquido e intentar dormir lo máximo.