Música

Contrapunto a la fiesta

Por Teobaldos - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

concierto de la coral de cámara de pamplona

Intérpretes: Coral de Cámara de Pamplona;Marta Huarte, Mariasun Montoya, sopranos;Ana Olsao, mezzo;David Echeverría, Rubén Lardiés, tenores;José Antonio Hoyos, barítono. Director: David Gálvez. Programa: obras de Juan de Bocanegra, Juan de Victoria, Miguel Mateo de Dallo y Lana, Pedro Bermúdez, Juan García de Céspedes, F. Remacha, S. Bacarisse, A. Dúo Vital, Olaizola y Lajos Bárdos (1899-1986). Lugar: Iglesia de San Antonio de Pamplona. Fecha: 8 de julio de 2018. Público: lleno (gratis).

No se debe perder este remanso de paz acústico que la Coral de Cámara de Pamplona viene ofreciendo desde hace décadas en el jolgorio sanferminero. La seriedad y elegancia de Morondo y su coro, se imponía como canon permanente del buen gusto. Tras algunas vicisitudes, hoy (por el lunes) retomamos la alta polifonía, el juego vocal extraordinariamente ordenado, para purificarnos un poco, o, mejor, para volver con más descaro al jaleo. Porque, el concierto dirigido por Gálvez no ha sido de mero compromiso, al contrario, importante para el melómano, por la calidad interpretativa y por las obras -de ida y vuelta- francamente deliciosas. Obras rescatadas de los archivos ultramarinos que conforman el corpus de Misas de Indias, en las que la Coral se ha enfrascado últimamente. La Coral de Cámara de Pamplona se presenta espléndida en las cuerdas de sopranos, altos y tenores, y algo más floja en la de bajos -sobre todo porque los más antiguos recordamos aquellos bajos profundos que impactaban, y que hoy parecen extinguidos en casi todos los coros-. Se lucen en la polifonía, de altísimo vuelo, con unas sopranos que siempre aportan luz y cuelgan agudos infinitos en la acústica, bellamente reverberante, de la iglesia. Estamos en el siglo XVI, XVII, con compositores que no sólo están a la altura de los grandes, sino que aportan originales mezclas autóctonas -esta es la verdadera fusión- francamente enternecedoras, como las mezclas de idiomas -quechua, latín, castellano- en una misma composición;o la superposición de textos. Es el caso de J. de Bocanegra o de P. Bermúdez. El Hanacpachap del primero nos trae un sonido compacto, litúrgico, de potente grosor, muy bien coloreado por el coro. Iesu dolcissime, un anónimo de Moxos, entabla un diálogo, a modo de letanía, entre la solista y el coro. Muy bien Marta Huarte durante todas sus intervenciones, voz potente, clara, y dentro del estilo, al igual que el coro, con ese matiz de contrición esperanzada de la música. Salve Regina de J. de Victoria (no Tomás Luis, pero sí a su altura), ya fue un descubrimiento en su estreno, nos reafirmamos en su calidad: la versión es de plenitud polifónica;Gálvez opta por un gregoriano bonito y modulado, las voces femeninas espléndidas, los tenores también, pero a veces se arrogan cierta primacía. Magnífico el fuerte de Eia ergo;también hay que hacer fuertes en estas músicas -equilibrados y dentro del estilo, claro-. Miguel Mateo de Dallo y Lana es otro descubrimiento. Muy Monteverdiano. De ahí que el tenor (Echeverría) y el barítono (Hoyos) tiendan un poco a la declamación operística, para que el coro responda más espiritualmente. Preciosa obra. P. Bermúdez mezcla el Quam gloriosa con el Ave Maris Stella en la misma obra. Lo que le interesa es que floten los textos en el sonido que lo llena todo, con palabras fundamentales que despuntan en las sucesivas entradas de las voces (a seis). Lo mismo ocurre con la Salve de García de Céspedes donde el gregoriano asienta el texto y la polifonía le da ese vuelo que se queda en el aire cuando el director da el corte. Muy equilibrado el tercerto -Huarte, Olsaso, Lardiés- perfectamente complementarios, sin sobresalir nadie.

En la segunda parte, las canciones que la Coral tiene como muy suyas: Remacha, Bacarisse, Dúo Vital -muy bien Gálvez por cortar el calderón final de Mozuca-, etc. Y dos nanas acariciadaspor la soprano M. Montoya -fraseo y timbre muy apropiados-, y excelentemente acunadas por la boca cerrada del coro (nos ponemos un poco tiernos por la dedicatoria a las madres de la Coral). Y de propina, claro, el Agur de los adioses.

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