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Está costando, ¡pero seguimos en pie!

Los días de fiesta van haciendo mella en los peñeros en una tarde apagada que pasó sin pena ni gloria

Un reportaje de H.Y.U.. Fotografía Javier Bergasa - Miércoles, 11 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Tendido duranta la corrida de toros.

Tendido duranta la corrida de toros. (JAVIER BERGASA)

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Tendido duranta la corrida de toros.

Llevamos ya cinco días de excesos de todo tipo y el cuerpo lo acusa. La plaza de toros no estuvo ayer a la altura de lo que se espera de ella. Ni en las gradas ni en el coso, donde los morlacos de Fuente Ymbro estuvieron sosos, aburridos y bastante torpes. Un poco como la plaza, que estuvo más apagada de lo normal.

El primer toro salió al ruedo a pasearse, con pocas ganas de entrar en faena. De manera paralela, a los mozos y mozas de sol les costaba dar los primeros tragos al zurracapote, que ya el simple olor a alcohol a alguno le ponía los pelos de punta. El alma se empieza a pasear por el cuerpo y ya los pamploneses encaran los cuatro días de fiesta que quedan un poco cuesta arriba. Las piernas no aguantan como el primer día, cuesta más comunicarse con las voces roncas y el hígado ya está en números rojos. Probablemente haya llegado el momento de ir pensando en tomarse algún día de descanso para poder llegar más allá del día 14.

Quien también quiso llegar más allá del día de ayer fue el primer toro que le tocó a Sebastián Castella, no lo consiguió obviamente, pero se hizo de rogar antes de que le diesen muerte. La plaza no acompañaba y a él no le apetecía dar espectáculo, como a sus hermanos que enfadaron mucho a Miguel Ángel Perera. Al extremeño le tocó lidiar con un animal que estuvo más tiempo en el suelo que de pie y que le hizo pasar por la Monumental pamplonesa sin pena ni gloria. Más o menos como el transcurso de la tarde de ayer. Hubo un atisbo de remontar cuando las txarangas empezaron, como cada corrida, con La chica yeyé y Sigo siendo el rey y las gradas se animaron. Parecía que los cuerpos se empezaban a mover, pero no terminó cuajando.

Sin embargo, y pese a todo, la verdad es que las mozas y mozos no fallaron y aguantaron como campeones toda la corrida bajo el sol, aunque en muchos casos solo fuese de cuerpo presente. Pero hubo momentos para todo. También para reivindicar y durante el tercer toro en varios puntos de la zona de sol se mostraron pancartas a favor de acercar a los presos vascos en las que se podía leer Orain presoak. Now basque prisioners.

La tarde se iba haciendo larga y pesada, pero en la cuarta lidia, Castella cuajó una buena faena que le valió la primera oreja de la tarde. El ambiente ya empezaba a ser otro. Los litros ingeridos ya habían hecho efecto y algún ya andaba más ciego que uno de los astados de Fuente Ymbro, que no veía tres en un burro.

La corrida llegaba ya a su fin y el que no iba con alcohol en sangre estaba ya mirando al reloj para echar la persiana sin saber muy bien por donde le daba el aire. Como Maite Esporrín, que presidió la corrida y a quien toda la plaza la pilló en fuera de juego. El bueno de López Simón no dio crédito cuando Esporrín saco el pañuelo concediendo una oreja, lo quitó y lo volvió a sacar creando cortocircuitos en más de una cabeza: “¿son una o dos?”, se preguntaba la gente mientras ella ponía cara de no entender la pitada que se estaba llevando. ¡Están locos estos romanos!

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