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June Yamaguchi: muy guipuchi y nipona

Bloguera gastronómica, viajera, guía turística y dicharachera, a pesar de su apellido, es ya más guipuzcoana que japonesa. Estuvo apunto de recibir el Tambor de Oro, su hija nació el 6 de julio y conoció a su familia navarra durante San Fermín.

Miércoles, 11 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

June, junto al fotógrafo japonés Chiyoshi Sugawara, que fue Guiri del año 2010 y escribieron un libro.

June, junto al fotógrafo japonés Chiyoshi Sugawara, que fue Guiri del año 2010 y escribieron un libro. (CEDIDA)

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June, junto al fotógrafo japonés Chiyoshi Sugawara, que fue Guiri del año 2010 y escribieron un libro.

más que guiri de toda la vida, June Yamaguchi entra en otra categoría especial: giputxi de toda la vida. Esta dicharachera bloguera, colaboradora de programas de Euskal Telebista, crítica gastronómica, guía turística, traductora y empresaria multitarea es ya más donostiarra que japonesa. De hecho, en el año 2014 la Sociedad Gastronómica Kaionetan de Donostia / San Sebastián propuso a June como candidata a recibir el Tambor de Oro, el máximo galardón que la ciudad otorga cada 20 de enero a aquellas personas que se han destacado por promover y promocionar la imagen de la capital guipuzcoana.

June nació en un pueblito cerca de Hiroshima en 1963, pero hace 20 años motivada por las ganas de aprender español y cansada de su vida en Japón, June decidió dar un giro y se marchó a vivir a Málaga, después a Barcelona, pero terminó en Donostia. Fue un “amigo algo bohemio” que le dijo: “tienes que ir al norte, ver cómo la gente vive y festeja allá”. Y así lo hizo llegó a Pamplona y se enamoró. Literalmente. “Los Sanfermines son las fiestas que cambiaron mi vida, mi forma de entender el mundo y bueno... aquí conocí a mi ex marido, fundé una familia y tuve a mi hija”, explica emocionada.

“Los Sanfermines fueron como un incidente para abrir mi vida y de cómo la gente vive diferente: yo venía de un mundo muy disciplinado, de gente que vivía para trabajar, me costaba encontrar mi sitio en el mundo, no encontraba objeto ni confort a mi vida y aquí descubrí un lugar en el que gente disfrutaba, vibraba, bailaba y compartía su alegría y felicidad”, explica. Recuerda que llegó con muchas advertencias también de que tuviese cuidado, de que eran unas fiestas peligrosas para los extranjeros. Era el año 1998 y recuerda ahora con guasa su inocencia: se escondió un billete de dos mil pesetas de entonces en el calcetín, para usarlo en caso de emergencia por si le robaban o no podía regresar o pagar el lugar en el que estaba alojada en el hotel Leyre. El caso es que ya estaba afincada en Donostia y se había juntado con unos chicos guipuzcoanos pero uno de ellos, el que a la postre sería su marido, era medio navarro: de familia de Los Arcos. Y se conocieron en Sanfermines. Años más tarde, el único año que June no ha asistido al chupinazo pamplonés fue en 2006: estaba de parto. Fue cuando nació su hija María Inmaculada. Un 6 de julio. Y lo eligió la propia June. “Tenían que hacerme una cesárea y podíamos escoger la fecha para el parto entre el día 4 o 6, no lo dudamos: que sea un homenaje a las fiestas de Pamplona”, detalla. Y cuenta que también ha vivido como buena madre los Sanfermines de gigantes y cabezudos junto a sus suegros y los abuelos de la niña.

Una de las pasiones de esta nipona-donostiarra es la gastronomía y junto al fotógrafo Chiyoshi Sugawara -que es otro adicto a los Sanfermines y fue “guiri del año” en 2010- publicó un libro sobre pintxos en Japón. “Chiyoshi es un personaje muy entrañable”, recuerda June. “Era muy divertido caminar con él por Pamplona y todo el mundo que le conce en los bares, restaurantes y amigos se paraba a saludarle, aquí le llaman Pepe cariñosamente. Y mis clientes, un grupo de visitantes no entendían nada”, dice riendo.

Ahora June entre otras tareas se dedica a organizar exclusivos tours, especializados en gastronomía pero también en nuestras fiestas, sobre todo para clientes de alto nivel adquisitivo, empresarios y millonarios. “Lo que les interesa es algo exclusivo, pero a los japoneses les encantan la cultura vasca y nuestras fiestas porque descubren algo auténtico, algo que no encuentran en Nueva York o en otros lugares, es un sentido de vivir la vida con honestidad y el amor por las tradiciones, la historia. Eso es algo que los nipones les gusta mucho. También el hecho de estar en un balcón en la Estafeta para ver el encierro y saber que esa es la casa de una familia, que durante el año ahí vive gente y ellos son unos invitados. Son muy respetuosos”, detalla.“Lo que más les sorprende por supuesto es que vayamos todas vestidas de blanco y rojo, por más que les insisto no se lo creen. Es un tópico pero una forma hermosa de sentirse integrados y todos iguales”. De aquí, en Pamplona confiesa que nunca perdona ir a tomar un par de pintxos al bar Gaucho, pero que lo mismo disfruta con un buen entrecot en un asador o un bacalao. “Aquí soy muy feliz, disfruto mucho de mi trabajo y mis clientes no me dan ninguna envidia, Donostia o Pamplona es un lugar privilegiado en el mundo en el que por dos o tres euros tienes una buena copa de vino crianza y gozar de la compañía de tus amigos. No necesitas ser multimillonario para disfrutar de todo eso”.

en corto

Nombre. June Yamaguchi

Fecha y lugar de nacimiento: Hiroshima (Japón), 1963.

Primer San Fermín: 1998

Una canción: Me gusta mucho cantar la de la escalera sanferminera “Uno de enero, dos de Febrero...”

Un comida: En fiestas una bola picante de pimiento, pero también un bacalao con ajoarriero.

Un ‘momentico’: El Chupinazo.

Un ‘momentazo’: Cuando traigo visitantes a Pamplona, me divierte llevarles a la hornacina de San Fermín y ponernos a cantar al Santo como en los minutos previos al encierro.

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