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Ruido que no molesta

Los más pequeños protagonizaron ayer el Struendo txiki desde Casa Marceliano por decimocuarto año, al ritmo de sus tambores, silbatos y todo tipo de instrumentos.

Un reportaje de Miren Yoldi. Fotografía Iñaki Porto - Miércoles, 11 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los txikis tocaron con ganas sus tambores mientras recorrían las calles del Casco Viejo.

Los txikis tocaron con ganas sus tambores mientras recorrían las calles del Casco Viejo. (IÑAKI PORTO)

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Los txikis tocaron con ganas sus tambores mientras recorrían las calles del Casco Viejo.

Los txikis no pueden ser menos en estas fiestas así que ellos también hacen lo mismo que los adultos a su manera. Es el caso del Struendo txiki, que se celebró ayer con una multitud de niños y niñas tocando sus instrumentos, silbatos o lo que llevaran encima, y sobre todo, el que más llamaba la atención, el bombo enorme que acompaña la salida desde hace cuarenta años. La pancarta y su comparsa también encabezaban la marcha.

Los más pequeños recorrieron las calles del Casco Viejo despertando así a los trasnochadores por la mañana, en un acto alegre y con un ambiente espectacular.

Es la decimocuarta edición de esta versión en miniatura del Struendo. Salió, como es habitual, desde Casa Marceliano y sirvió para anunciar el Struendo que tuvo lugar la pasada noche.

A los txikis les encanta, y también a los padres y madres que los acompañan. Aitor Zelaia, de 8 años, admitió que lo que más le gusta es tocar el tambor, sea el día del Struendo o no. Ane Goikoetxea, a su vez, comento que este es el momento que más le gusta de los Sanfermines, aparte de las barracas. Fermín Alonso acompañó a sus nietos Julen y Sara, según dijo, “porque quiero que vivan los Sanfermines con la misma emoción que los vivo yo, de noche y de día y conociendo todos los actos que se organizan”.

historiaNo aparece en el programa oficial, ya que tiene su origen en la iniciativa popular. El Struendo surgió en 1964 cuando un grupo de amigos de la Peña Irrintzi tuvo la idea de salir por la noche haciendo sonar bombos, tambores y txistus, sin otro objetivo que el de animar las calles haciendo ruido.

El Struendo no se celebra un día fijo (solo se sabe con seguridad que es entre semana, una vez pasado el primer estallido de la fiesta, cuando hay más desahogo en las noches de Pamplona), pero sí tiene una hora de inicio que no varía nunca, las 23.59. A esa hora, después de entonar el Agur Jaunak, cientos de personas salen desde Casa Marceliano para recorrer durante horas las calles del Casco Viejo haciendo sonar bombos, tambores, txistus y cualquier instrumento que haga ruido. Acaban tres o cuatro horas más tarde en el pocico de San Cernin.

Es un acto muy querido por los pamploneses y las pamplonesas, por lo que cuenta con un numeroso público fiel que año tras año asegura el éxito de la convocatoria. Desde 2003 se celebra también la versión txiki del Struendo, por lo que el relevo generacional está asegurado.