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Períodico de Diario de Noticias de Navarra

Casi un siglo de legado gracias a San Fermín

Cinco generaciones y una sexta en camino mantienen viva la famosa churrería la mañueta en el casco viejo

Un reportaje de Javier Rodrigo - Jueves, 12 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Fue un 13 de diciembre de 1872 cuando Juan Fernández Calero abrió una churrería en la calle Curia de Pamplona. Unos años más tarde, en 1890, el local se trasladó a su actual ubicación, en la calle Mañueta, en el corazón del Casco Antiguo de la capital navarra.

La Churrería la Mañueta es una de las más antiguas de España y lleva casi 150 años endulzando las mañanas de los Sanfermines a pamploneses, pamplonesas y visitantes.

Son cientos de personas las que entre las seis y las once de la mañana se acercan hasta este castizo local, para comenzar la mañana con energía y dirigirse después a las muchas actividades programadas en la ciudad durante los Sanfermines.

Unos y otros hacen cola cada mañana a la puerta del establecimiento para comprar los afamados churros elaborados de manera artesanal con ingredientes de primera calidad.

El secreto de los churros de la Mañueta no es tal. Es de sobra conocido, pero difícil de replicar: harina dura, agua, sal, aceite de oliva de la variedad de empeltre y, sobre todo, madera de haya cortada con hacha para alimentar el fuego.

Desde 1872, han sido cinco generaciones de la misma familia las que se han encargado de abrir el establecimiento, solo durante los Sanfermines y algunos días en octubre.

Actualmente, la dueña del local es Paulina Fernández, de 95 años, nieta del fundador, que ya a los cinco años ayudaba en lo que podía a sus padres en la churrería. Son por tanto 90 años de presencia ininterrumpida en la vieja churrería, que se vieron reconocidos en septiembre de 2016 con el primer galardón ‘Pañuelo de Pamplona’ otorgado por el Ayuntamiento.

En la Casa Consistorial, el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, entregó a Paulina Fernández el pañuelo rojo con el escudo de la ciudad bordado en uno de sus picos y una escultura de la alegoría de la Unión de los Burgos de la ciudad. De esta forma, el Ayuntamiento de Pamplona reconoció a este establecimiento por su legado gastronómico y cultural y por su labor para proteger el pequeño comercio familiar.

En este momento, 15 personas trabajan en la churrería, en la que se realizan también visitas guiadas en las que se puede contemplar el trabajo incesante en la cocina de este añejo local, de cuyas paredes cuelgan fotos antiguas y portadas de periódicos que resumen la historia del establecimiento.