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Feria del Toro | Apunte crítico

El público quiere figuras y debe caber de todo

Por Patxi Arrizabalaga - Jueves, 12 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Ginés Martín toreando al natural sobre la mano izquierda ante el primer jabonero de la tarde.

Ginés Martín toreando al natural sobre la mano izquierda ante el primer jabonero de la tarde. (Foto: Javier Bergasa)

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Ginés Martín toreando al natural sobre la mano izquierda ante el primer jabonero de la tarde.

ser de nombre Núñez del Cuvillo y estar tres años seguidos en la Feria del Toro de Pamplona tiene su mérito. Más que nada por el pasado incierto en que llegaban toros terciados para las figuras del momento y en loor de multitudes y públicos enardecidos se llevaban los diestros un esportón de orejas. Esos tiempos pasados y no tan lejanos, que enfadaban sobre manera al cabeza familiar y representante de la ganadería que no entendía como triunfo tan clamoroso con esos toros que traía no terminaba por proporcionarle la vuelta año a año. Más si cabe cuando estaba en sus mejores momentos. Figuras como José Tomás lidiaban sus toros allí donde iba. Y el resto. Años de veinticinco y treinta festejos por todo el planeta toros que significaba una triunfo anual, el reconocimiento allí donde actuaba, menos aquí. Entonces se le ponía el sobre mote de “núñez del novillo”. Y todos los toristas clamaban a los cuatro vientos que esta casa no era digna de la Feria del Toro. Hoy el “torismo” de los cuatro aficionados que quieren un toro de mucha raza que empuje al caballo por encima de la labor de la muleta, cosa hoy algo impensable en toda la Iberia queda muy lejos de pensar que este toro sirve para esta feria. Pero es que cuando nos retrancamos en algo, cambiar no es posible. Está claro que el público quiere figuras y que en una feria como la nuestra debe caber de todo. Y viendo estos años atrás y éste, señores es hora de cambiar. Se ha entendido a la perfección lo que es preparar un buen lote para la Pamplona del toro desde la finca El Grullo. Ahora nos toca decirles que su presentación es corresta. No tan buena como los dos anteriores, porque alguno se ha visto escurrido, pero hemos visto material. Y alguno del bueno. Y después de los últimos días, hoy la gente ha aplaudido a rabiar, y han aparecido orejas de ley. Orejas de peso. Cierto es que tras la merienda el exceso es patente. No sé qué nos pasa que ya daríamos hasta las llaves del coche, o las de casa. Sea como fuere, hemos visto torear a un hombre con mucha clase, en su segunda juventud, y a sus cuarenta tacos está toreando fácil y disfrutando. Aunque al debe es que el cuarto podía haber pasado sus pitones más cerca, sobre todo con la zurda. Esa cacha que maneja pero que la aleja en demasía. Es solo un pero. Gracias por la tarde. Hermosos jaboneros, alguno más que ahogado y con excesivo premio para su diestro. Pero el chico allende los mares está que lo tira y viene a ponerse de veras. Esperemos que el efectismo y las alaracas no sean todo su repertorio, y que madure en toreo del bueno. Espejo tenía delante para mirarse. Y del buen chaval de Jerez de la Frontera, alguien tiene que decirle que empiece a torear, que agarre mejor el estaquillador, que planche la pañosa y que se ponga de veras. Si no, adiós. Y Alvarito, dile al abuelo Joaquín que prepare la del año que viene, por mi parte.