Casado y sus deducciones

Ignacio Azparren Tellería - Jueves, 12 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Pablo Casado, aspirante a la presidencia del Partido Popular, fue abucheado e insultado en su visita a Pamplona durante estos Sanfermines. En sus declaraciones posteriores afirmó, con el beneplácito de los adláteres que le rodeaban, que quienes le abucheaban e insultaban eran batasunos, proetarras, violentos, etcétera.

Simple conclusión a la que llega un representante público que, además de pertenecer a un partido que, cuando ha podido, no ha dudado en llevarse por delante importantes derechos sociales y públicos, ha insultado y se ha burlado de miles de ciudadanos de este país, familiares directos de víctimas del terrorismo franquista.

Debe el señor Casado recurrir de vez en cuando a la sabiduría popular y revisar esos dichos y refranes, que tanta verdad albergan, para aplicarlos a su forma de actuar y proceder.

En la sabiduría popular encontrará ése que dice: “Quien siembra vientos recoge tempestades”. Quizá esta revisión le ayude a llevar a cabo una práctica a la que parece no estar muy acostumbrado: la autocrítica.

Desconozco la legitimidad y legalidad de las formas mediante las que Casado alcanzó ese famoso máster del que hace gala en su currículum. Al parecer, la justicia está en ello y a ella le corresponde dictaminar si realmente es merecedor de tal título o no.

En cualquier caso, quizá, a tenor de lo que nos cuesta al resto de mortales obtener un grado universitario, estas dudas también hayan sido motivo para animar al populacho a abuchear e increpar a su representante.

Me resulta paradójico comprobar cómo un demócrata de la talla de Pablo Casado se rasga las vestiduras cuando algunos ejercen la libertad de expresión;y me refiero a los del abucheo, que no insulto, que él tanto dice defender.

¿Será que no compartimos el mismo concepto de lo que “se entiende” por libertad de expresión? Probablemente. A nuestros políticos deberíamos exigirles lo mínimo, entre lo que se me ocurre a bote pronto honradez, coherencia y respeto a todos los ciudadanos.

Si así fuera, Pablo Casado ni estaría disputando la presidencia del PP, ni se ganaría el cocido con el dinero del erario público.

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