¿Vacaciones?

por Ilia Galán - Jueves, 12 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

era joven y tuvo que quedarse en los linderos de la Corte un verano tórrido mientras la familia partía hacia lugares de refresco, abandonándose a la vida relajada: merecido descanso. Trabajar por las calles abrasadas donde el sol derretía el asfalto, dejando sus huellas inanimadas, anónimas, en una muchedumbre de olvidos, no animaba mucho, pero se pasó el verano en la gran urbe que parecía a veces deshabitada por mágica fórmula. Lo peor vino el resto del año, pues una fatiga crónica, un malestar general afectaba al espíritu de quien no había podido salir de esa cárcel de semáforos.

Ese muchacho luego creció en sabiduría y sosiego, según creo, y comenzó a escribir líneas como las que el lector ahora disfruta, ya en la sociedad con mejor puesto. Descubrió que cuando se descansa adecuadamente luego se rinde mucho más y se trabaja con más felicidad: ¿intuición genial?

No es digno quien estas letras arroja para ponerse de ejemplo pues trabaja y le pagan por una pasión, por un placer que le devora y por eso madruga para leer, meditar, escribir, viajar y devorar artes, conocer, explorar... Si a uno le costean sus placeres puede sentirse sin duda afortunado, pero ciertamente eso no sucede con la mayoría de las mentes y muchos tienen labores que si no pudieran dejar a veces les volvería dementes, tal es su dureza o el hastío que provocan en quien las ejerce. El invento de las vacaciones, que antes solo eran patrimonio de ricos y poderosos, permite luego renovar la energía para volver con nuevo empeño a nuestras cotidianas labores, bien lo entendemos cuando no hemos dormido lo suficiente. Por eso religiones como el judaísmo, el islam o el cristianismo pusieron fiestas de obligado cumplimiento, para honrar al Creador y para “imitarle”, descansando al séptimo día de engendrar nuestros universos, de diseñarlos, mantenerlos...

Lo nuevo es que una parte importante de la población puede viajar a otro ambiente y eso cambia la visión de las mentes, normalmente ayuda a relajarse, a distanciarse de los problemas considerándolos de mejor manera. Que hace falta descansar nadie lo discute y quienes no lo hacen sobreviven a sí mismos, fatigados crónicamente o deprimidos. En los niños es evidente que al final del curso están exhaustos y los últimos días ya no rinden. El clima nos afecta, pues el verano en muchas provincias es largo y demasiado caluroso. Solo en aldeas y otras localidades “veraniegas”, porque hay monte, naturaleza o el río aguas frescas lleva, porque las playas esperan a quien la jornada termina para zambullir sus fatigas o penas, hay quienes se quedan disfrutando sin necesidad de salir fuera.