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Arrollando que es gerundio

Por Patxi Barragán - Viernes, 13 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Suma y sigue en este nuevo tipo de encierros del siglo XXI en el que los toros vuelan arropados por los cabestros y completan los ochocientos cincuenta metros de carrera en tiempos que no llegan ni de lejos a los tres minutos. Debe ser eso que los tecnócratas bautizan como versión 2.0

El encierro ha dado fama y lustre a la ciudad y es el evento por el que muchos identifican a mi querida Pamplona. Quizás por eso mismo, sabedores los ganaderos que durante ese escaso tiempo los ojos de medio mundo están puesto en Santo Domingo, Mercaderes o la Estafeta, entrenan a sus camadas para que en su devenir por el casco viejo pamplonés tengan un galope homogéneo, constante y rápido y poder firmar con pluma de oro cuando el último de ellos se haya enchiquerado en la plaza y aún ningún reloj marque las 08:03. Luego pueden intercalarse diferentes avatares o accidentes que cambien el guión, pero cada vez son menos.

Sin ir más lejos, los musculados toros madrileños de Victoriano del Río (con diferencias de peso de hasta cien kilos entre los 610 de Beato y los 510 que dieron en la báscula Ebanista y Emplumado) arrearon como alma que lleva el diablo y en apenas dos minutos y veinte segundos ya estaba finiquitado el trabajo, muy en la línea de lo que suele hacer este hierro cada vez que nos visita.

Y nobleza absoluta porque dos de los hermanos se desentendieron del resto y se abrieron paso Estafeta arriba hasta el callejón sin la compañía de los mansos pero sin lanzar un solo derrote. Tan solo, y debido al tranco tan largo que llevaban, fueron apartándose moscones de la cara y se vieron caídas y trompicones de esos que te dejan magullado y dolorido durante bastante tiempo. Únicamente, y al más puro estilo moto GP, hicieron un recto en el vallado de la derecha bajando al callejón, arrollaron a quienes estaban por delante, permitieron que los fotógrafos se luciesen con alguna instantánea escalofriante de cuernos cerca de la cabeza o el costillar de algún chaval y poco más. Al galope hasta el arenal de la monumental. A escasos cuarenta o cincuenta metros, el resto con Jabaleño cerrando la carrera. Había salido el último desde Santo Domingo y fue el último en pisar los corrales cuando, como ya ha quedado reseñado, únicamente habíamos contado hasta ciento cuarenta.

De momento está saliendo todo a pedir de boca. Tan solo un herido por asta de toro (¿puede ser desde mediados de los setenta del siglo pasado que no se daba esta situación?) y mucho contusionado por la nueva forma de entender el encierro. Es muy posible que, exceptuando a los más trasnochadores, cuando el personal lea estas líneas, ya se haya corrido el penúltimo encierro, el de los Jandilla y me tenga que comer mis palabras con las patatas que sobren del excelente estofado de toro que hace mi mujer (carne de mi amigo Jose Antonio de la carnicería Yerro en el mercado nuevo) pero estar en la recta final de SF2018 y que el balance de cornadas sea tan exiguo es un dato como para celebrarlo. Si Jandillas y Miuras no opinan lo contrario.

PD.- Divertidísmo ver a los críos correr Santo Domingo arriba delante de los toricos de cartón en el encierro txiki. Un aplauso para esta iniciativa de la Federación de Peñas y un grupo de amantes de la carrera. Toda la chavalería de un albo inmaculado. No sé si algún día darán el salto al encierro de verdad, pero que no se olviden que empezaron de blanco... que sigan así.