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Carreras sin peligro entre caídas y risas

Cientos de niños y niñas disfrutaron ayer del segundo encierro txiki de las fiestas de San Fermín

Sofía Sánchez | Iñaki Porto - Viernes, 13 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Dos jóvenes juegan a ser mozos en el segundo encierro txiki de las fiestas de San Fermín.

Dos jóvenes juegan a ser mozos en el segundo encierro txiki de las fiestas de San Fermín. (IÑAKI PORTO)

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Dos jóvenes juegan a ser mozos en el segundo encierro txiki de las fiestas de San Fermín.Primera carrera donde niños y niñas corren junto a los mayores.

pamplona- Cientos de niños y niñas acompañados de padres y madres jugaron en la mañana de ayer a ser mozos por un día en el segundo encierro txiki de las fiestas de San Fermín. La carrera comenzó a las 11.30 horas, cuando niños y padres se acumularon en la cuesta de Santo Domingo frente a la hornacina y dedicaron los tradicionales cánticos al santo. Al igual que por la mañana, un cohete fue el que dio el pistoletazo de salida a los toros del corral.

El recorrido esta vez fue algo más breve, ya que abarcó desde la cuesta de Santo Domingo hasta la plaza del Ayuntamiento. De esta forma, se celebraron un total de cuatro encierros, con una duración aproximada de diez minutos cada una. Los dos primeros estuvieron pensados para que los jóvenes participaran junto a sus padres o madres, y los otros dos se orientaron a que los mozos del futuro pudieran correr en solitario, ya que esta carrera tuvo un ritmo más veloz.

Aun así, este encierro trató de simular de la manera más parecida posible a los encierros de las ocho de la mañana. La manada estuvo compuesta por seis toros y tres bueyes de ruedas y los encargados de llevarlos fueron un equipo de voluntarios identificados con un chaleco rojo. Al mismo tiempo, este grupo cumplió la función de pastores y dobladores de los astados de ruedas.

Martín Marcelino, de 12 años, se acercó por primera vez ayer en solitario. Se declaró admirador de estos animales desde muy pequeño y aseguró que “me gusta ir a los encierros por las mañanas con mi padre y mi madre, y alguna tarde mi abuelo me suele llevar a la plaza. Me encanta pero se que aún soy pequeño para participar en el encierro de verdad, así que mientras voy practicando aquí”. Cuando terminó, se acercó a su padre para contarle su experiencia y enseñarle las magulladuras que se hizo al caer al suelo en un momento en el que intentaba esquivar al toro. El año anterior, ambos corrieron juntos, pero este año fue su padre Quique el que disfrutó desde la barrera de las habilidades de su hijo.

Al finalizar el acto, muchos niños se mostraron orgullosos de haber participado por primera vez, mientras otros muchos se sentían como auténticos profesionales una vez más en estos encierros txikis organizados por un grupo de corredores profesionales y por la Federación de Peñas de Pamplona. A su vez, contaron con la colaboración de la Cruz Roja de Pamplona para atender a estos pequeños mozos y mozas que lo necesitaron, de comercios del Casco Antiguo y de Auzoenea quien dona los toricos de cartón.

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