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Jean Herrera, Sanfermines en vena

Así como Perico Delgado era un ‘hombre -Tour’, Jean Herrera es un ‘hombre-San Fermín’. Aunque como nacido en Baiona realmente estaría fuera de esta categoría de “guiri”, pocos visitantes como él han sabido interpretar el espíritu de esta fiesta

Viernes, 13 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Arriba, la familia Herrera Landa en su cita anual a las 13 horas en la terraza del Café Iruña: Michel, Sophie, Lou Lou y Jean. Abajo, Jean con parte de su otra ‘familia’ de Iruña ante el Tomás.

Arriba, la familia Herrera Landa en su cita anual a las 13 horas en la terraza del Café Iruña: Michel, Sophie, Lou Lou y Jean. Abajo, Jean con parte de su otra ‘familia’ de Iruña ante el Tomás. (PATXI CASCANTE)

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Arriba, la familia Herrera Landa en su cita anual a las 13 horas en la terraza del Café Iruña: Michel, Sophie, Lou Lou y Jean. Abajo, Jean con parte de su otra ‘familia’ de Iruña ante el Tomás.

Jean Herrera no tenía que estar en esta serie. Ni su madre Louise-Marie Landa Lou-Lou, que a sus 86 años sigue viniendo en autobús a Pamplona sin faltar desde los años 50. Ni su hermano Michel, gran sanferminero. Ni su hermana Sophie, concejala y que canta en una coral vasca. Ni su tía Juliana Herrera, una sanferminera de 89 años, que como Lou Lou parece que funciona con energía nuclear. Y no tenía que estar bajo esta cabecera en primer lugar porque el concepto de “guiri” está pensado para algo más lejano que nuestros hermanos vascos de Iparralde. En segundo lugar, porque son descendientes de refugiados republicanos y manejan el castellano, el francés -y algo de euskera- con naturalidad y están totalmente mimetizados con la ciudad. Vamos, como que no los veo tirándose de la Fuente de Navarrería con un katxi de Don Simón ni pidiendo a gritos Ricard en el Iruñazarra. En tercero, porque sienten y entienden la fiesta de una manera más intensa y real que muchos empadronados en Pamplona. Porque Iruña para ellos y ellas representa una especie de sueño anual, un viaje hacia un lugar donde son felices y han ido construyendo su propia historia individual y colectiva. Son dos -o casi ya tres- generaciones sanfermineras auténticas que se siguen juntando siempre en Pamplona por San Fermín para brindar por la vida. Porque todo se hereda. Hasta la pasión por la fiesta.

Y es que cuando ves a una mujer octogenaria vestida de blanco impoluto bebiendo un gin tonic con rabas en la terraza del Iruña a la 1 de la tarde piensas: esta mujer tiene una historia. Y si te cuentan que lo toma en ese lugar y a esa hora desde hace casi setenta años, no hay duda de que es una familia con el gen festivo en la vena. Lou Lou vino a Pamplona por primera vez cuando tenía 18 años con el grupo de danzas Oldara de Biarritz cruzando la frontera a pie por no tener la documentación en regla. Era el año 1950. Ahora, sigue quedando siempre en la Plaza del Castillo para tomar ese curioso aperitivo. Por desgracia ya no se sienta a su lado Alfredo Herrera, su marido, todo un personaje también en Pamplona y en Baiona. Durante décadas le acompañó en estas visitas a San Fermín. Se hospedaban en el ya desaparecido hostal Ibarra, de la Estafeta, y luego en el Yoldi. Vivían el día, pero también la noche. Jean cuenta cómo no podía seguir por Jarauta a su padre ya con 70 años... Lou Lou y Alfredo. Una gran historia de amor con los Sanfermines de telón de fondo. Y sin final. Porque Lou Lou lleva su retrato cerca del corazón, impreso en una camiseta que se pone en Pamplona desde que su pareja falleció en 2009. Curiosamente un 7 de julio...

La noticia le sorprendió a su hijo Jean en pleno San Fermín. Aquella llamada supuso un paréntesis negro en el historial azul y blanco de sus Sanfermines, que se remontaba mucho tiempo atrás. Jean se había iniciado en el rito festivo con sus padres de muy pequeño. Aún recuerda las imágenes de pelotazos y tensión de un 8 de julio hace 40 años. Con 17 años ya empezó a venir solo y desde entonces no ha faltado a ninguna edición. Primero con amigos de Baiona y luego ya con sus parejas y más tarde inmerso en una cuadrilla de La Jarana. Pero aquellos Sanfermines de hace casi 10 años fueron extraños para Jean. Una mezcla explosiva de emociones, de presencias y de ausencias. Por eso recuerda que cuando salió de la peña con varios potes de más y miró al cielo, como buscando algo, se topó con la bandera azul y blanca de La Jarana, “los mismos colores que el Aviron Bayonaisse, el equipo de rugby por el que se desvivió mi padre (hijo de un concejal republicano refugiado) como entrenador, secretario-general y vicepresidente”. El círculo se cerró, entendió muchas cosas y sintió la necesidad de seguir con ese testigo y reeditar ese compromiso con unas fiestas que considera algo “fuera del mundo. Pura magia”. “Está mal que lo diga yo pero prefiero Pamplona que Baiona. Soy miembro de una peña (Itsusiak), pero el ambiente de Iruña es diferente. Por eso estoy muy agradecido a la cuadrilla que me dio la llave de estas fiestas. Las fiestas no se entienden, se viven. Puedes saber y leer mucho sobre una ciudad o unas fiestas pero hay que meterse dentro de ellas. Y eso me pasó a mi hace ya casi 20 años en una comida de la Federación de Peñas”, recuerda.

Hasta entonces había venido muchas veces a San Fermín solo, con amigos o con sus novias. De hecho acumula varias jugosas anécdotas, pero desde el año 2002 los Sanfermines han sido diferentes para Jean. Viene a los toros con la peña, sale al vermú, se pierde a la noche como antes, pero siempre tiene un hilo conductor: el sentido sanferminero de la vida. “¿Qué me gusta de los Sanfermines? El sonido del hielo en un vaso vacío, el escocés en el bar Tomás tras el tercer toro (no bebo café en todo el año...), el calor al llegar al tendido, encontrar un sitio para aparcar el coche en la víspera de las fiestas porque sabes que ya has llegado, las velas del Pobre de Mí, los gigantes, salir de casa, andar en la calle, hablar con gente que no verás otra vez en tu vida, la mirada de la gente con quien tienes cita cuando llegas, los churros, imaginar quién se va a manchar el primero con la salsa tomate del plato de jamón y huevos, percatarte tras una noche de juerga de que tienes tobillos, ver cuando bajan todas las peñas el 14 para tocar juntas, hundirse (enterrarse) en la noche, despertarte por la mañana y entender que lo que has vivido, no era puro sueño...”, enumera.

Quienes han visto la evolución de Jean en la fiesta corroboran que no miente. Así como Perico Delgado era un “hombre Tour” (por cierto, Jean tiene su propio equipo sanferminero con Stephane, Iker, los dos José...) Jean Herrera es un “hombre San Fermín”, es decir, ha entendido los códigos y reglas no escritas de una fiesta que hay que saber interpretarla e interiorizarla. Y es que no hace falta explicarle la dimensión surrealista del tendido, ni decirle qué artefactos comprar para hacer el pata. Jean disfruta cuando la noche (o el vermú torero) te confunde y te cambia de planes y de ruta... Sabe seguir los “hipervínculos” de la fiesta que te llevan de gente en gente de calle en calle;interpreta el sentido báquico de las meriendas en las que ha creado estilo con sus quesos radiactivos... La vida personal y laboral le ha llevado a tener que vivir en París gran parte del año, pero a Jean, siempre le quedará Pamplona.

en corto

Nombre. Jean Herrera Landa.

Fecha y lugar de nacimiento: 15/11/1968 Baiona.

Primer San Fermín: “Solo, desde 1986;antes con los padres”.

Una canción: El Vals de Astrain, Ikusi Mendizaleak yEl Rey.

Una comida: “Anchoa con aceitunas y beber el vermú con limón en el bar Ultzama”.

Una bebida. Café escocés.

Un ‘momentico’: “El 14, al final de los toros, cuando las peñas se juntan para tocar en el ruedo”.

Un ‘momentazo’: “Tras la muerte de mi padre. Un camarero me recriminó no haber pagado un gin tonic. Me dio la impresión de que mi padre lo había pedido antes”.